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Reportaje especial
Panamá, martes 15 de agosto de 2006
 

EL TIEMPO VENCIÓ A CASTRO.

Cuba ante el umbral de la democracia

Carlos Alberto A. Voloj Pereira

Pareciera que Cuba está en estos momentos ante un cambio político sustancial… en el mejor momento para ingresar a la familia democrática latinoamericana. Todo parece indicar que el tiempo venció a Castro.

En sus últimas apariciones, después de la aparatosa caída que sufriera recientemente, Fidel Castro me ha conmovido un poco.

No es por su edad, su canosa barba en su adusto gesto, ni por los hombros agobiados por la pesada carga de sus actos políticos y sus arrepentimientos, por su incorregible soberbia, por lo que ese dirigente político me conmueve.

Me conmueve la Cuba que él representa. La Cuba de Miami, de España y de América que con rostro de reconocimiento de su culpa y resignado al fracaso, ha mostrado en sus más recientes intervenciones públicas, dentro y fuera de la isla prisionera.

Castro no quiere admitir que, cuando José Martí dijo "mi vino agrio, pero es mi vino", se refería a la libertad individual de vivir según quiera el hombre invertir, gastar, disfrutar, especular, ganar y perder con su propia vida. Fidel Castro se olvidó de que "un hombre solo no vale nunca más que un pueblo entero". Aún así, me conmueve el viejo dictador verde olivo. Qué momentos de pesadumbre y desgarrante arrepentimiento debe estar viviendo.

Está llegando a su fin sin haber logrado realmente nada, quizá sólo la satisfacción de haber luchado obligadamente por una causa que creyó habría de triunfar por lo menos en Cuba y en otros países del área del Caribe y de Centroamérica.

Conmueve cómo motivan los hombres que han sido derrotados y que aún se mantienen de pie, sudorosos, sangrando, tambaleantes, pero con la espada y el escudo asidos fuertemente de sus manos duras y manchadas de las vilezas con las que ensucian las oprobiosas y pasadas de moda dictaduras.

Pareciera que las democracias del mundo han preferido dejarlo morir por su propia mano, así el ejemplo sería más patético.

La utópica forma de vida del marxismo no cabe en la naturaleza ambiciosa y de libertad absoluta que exige el hombre.

Ya de por sí, el marxismo nace fracasado. A Fidel lo sostuvo su amor propio y su compromiso con su revolución. Ahora más que nunca, lo cubanos están conscientes de que deben volver los ojos hacia la democracia, que el resto del mundo practica y ha demostrado, a la larga, que es el mejor de los sistemas de gobierno para regular las actividades políticas de la humanidad con todas sus imperfecciones y limitaciones.

Tengo que reconocer el coraje y la lealtad a sí mismo de Fidel Castro, no obstante, nunca justificaré los medios que utilizó para lograr sus fines ni el haberle arrancado a los cubanos el derecho de elegir y ser elegidos libremente, instalado un sistema totalitario, paternalista, funesto y negativo y aniquilante de los más elementales derechos y libertades individuales.

Hay hombres cuyos principios son los de no tener principios, de esta manera de nada tienen que arrepentirse. Piensan que ellos son primero que nadie y que ellos son lo más importante en su existencia y que todo lo que hagan por ellos mismos y por los demás, está bien hecho. El arrepentimiento es de los justos… y en este plano, creo, sinceramente, que el comandante Castro no califica.

El autor es abogado y catedrático universitario


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