Los soldados de Reluz
Harmodio Arrocha Jr.
harrocha@prensa.com
OPINIÓN. Olvídense de un equipo soñado para el Preolímpico de Béisbol de Cuba, ni siquiera será parecido al que llevamos al Clásico Mundial de Béisbol, celebrado en marzo de este año en la encantadora Isla del Encanto, donde después de tener contra la pared a los cubanos, quedó en el ambiente un sabor a una revancha cuyo mejor escenario se pensaba se iba a dar en la tierra todavía gobernada por Fidel.
Eso no se va a dar y faltando dos semanas para el torneo preolímpico en Cuba, que será clasificatorio para el Mundial y las Olimpiadas de Beijing 2008, tendremos que conformarnos con ir a una cita de lujo con un equipo limitado en su potencial ante la notable ausencia de jugadores afiliados a organizaciones de Grandes Ligas, mientras nuestros rivales mueven cielo, mar y tierra para armarse hasta los dientes. ¿Qué pasó?
¿No hicimos las gestiones a tiempo para solicitar los permisos a Major League Baseball (MLB)?. ¿O, simplemente no se cuenta con la influencia que sí tienen otros países cercanos con la MLB, para que se le facilite la aprobación de estos permisos? Hablé ayer con el dirigente Franz Wever, titular de la federación de béisbol, y me explicó que ninguno de los permisos solicitados a la MLB han sido contestados, lo que supone que no han sido aprobados.
No es la primera vez que esto nos ocurre y siempre he insistido en lo mismo: hay que formalizar un mecanismo que permita establecer un canal de comunicación con la MLB. Ahora, hay que estar claro que la fecha en que se ha montado el Preolímpico dificulta todo, pero creo que nuestro béisbol carece de fuerza cada vez que se somete a un proceso de esta naturaleza, inexplicablemente pues en el país abundan los representantes de estas organizaciones de las Ligas Mayores.
Entonces, ¿cómo se explica la gestión que se hizo para conseguir los servicios del valioso lanzador Paolo Espino, de los Indios de Cleveland, una buena inyección que recibió la selección nacional para el Preolímpico?Vital para este equipo era la presencia de un artillero del nivel de Rubén Rivera (Medias Blancas de Chicago) y un jugador de cuadro confiable como Ángel Chávez (Filis de Filadelfia). Pero bien, el pitcheo, que con excepción del bullpen, hizo su trabajo en Cartagena, no se ve nada mal.
Miren estos brazos para una rotación de abridores: Lenín Picota, Jorge Cortez y el ex grandes ligas Rafael Medina, con un Paolo Espino listo para ser el jefe de la cueva. La mayor incógnita gira alrededor del bateo. Sensible pérdida: justamente el último Preolímpico de béisbol, que se montó en Panamá en 2003, fue obra del desaparecido ingeniero Dominador Kaiser Bazán, un gran caballero y hombre público. Dios lo tenga en la gloria.
El autor es periodista.
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