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Reportaje especial
Panamá, lunes 14 de agosto de 2006
 

SENTIDO Y SINSENTIDO .

Una fuerza desproporcionada

George P. Fletcher

Mientras la guerra en el Líbano continúa, el término "fuerza desproporcionada" pasa de boca en boca como si detrás de él residiera algún principio cristalino de derecho internacional, que nos dice cuándo la fuerza es desproporcionada y cuándo es legal.

Pero las muertes civiles como resultado de un combate militar no bastan para decir que se utilizó "fuerza desproporcionada". Tampoco se ha aplicado ese criterio, sea cual fuere, si mueren más chicos en un lado que en el otro. Entonces, ¿qué significa, exactamente, "fuerza desproporcionada" y cuál es el lugar que ocupa en el derecho de la guerra?

Volvamos a lo elemental. En el derecho doméstico de la autodefensa, el uso de la fuerza siempre tiene que ser necesario y proporcional al interés que se protege.

Un buen ejemplo es si el dueño de un negocio puede dispararle a los ladrones que se escapan con su mercadería. Si no hay ninguna otra manera de detener a los ladrones, el uso de la fuerza es necesario.

Pero, ¿es proporcionado? Eso depende de si el costo de dispararles a los ladrones tan claramente excede el valor de las mercaderías robadas como para que el dueño de la tienda no haga nada, al menos por el momento. El siempre puede recurrir a la policía y tiene la posibilidad de recuperar la mercadería.

En otras palabras, la fuerza se vuelve desproporcionada cuando el costo de emplearla es demasiado alto.

Sin embargo, eso no significa que la fuerza se vuelva "desproporcionada" simplemente cuando los costos superan los beneficios. Después de todo, una mujer puede usar la fuerza mortal para evitar que la violen, aunque la vida del agresor, uno pensaría, vale más que la integridad sexual de la potencial víctima.

Una vez que existe la amenaza del daño físico, parece que el uso de toda la fuerza necesaria es permisible.

Supongamos que un terrorista le está sacando los dientes a su víctima uno por uno y que la única manera de detenerlo es matándolo. La mayoría de la gente consideraría que hacerlo es permisible, aunque el daño para el agresor sea mucho mayor que el valor de los dientes de la víctima.

¿Cómo sabemos, entonces, cuándo la fuerza es desproporcionada? Esta es una cuestión de debate constante. Muchos sistemas legales hoy asumen la postura de que, al menos en lo que respecta a los delitos contra la propiedad, la víctima debe estar dispuesta a renunciar a su propiedad cuando la única opción disponible es matar al ladrón.

Intentemos aplicar estos principios al conflicto internacional. Dentro del derecho de la guerra existen dos terrenos distintos de autodefensa. Uno es la justificación para ir a la guerra en primer lugar; el segundo es el uso de la fuerza en combate en el transcurso de la guerra, como matar civiles que están atacando a soldados.

En la justificación del conflicto armado, todos concuerdan en que el Estado que se defiende puede usar toda la fuerza necesaria para rechazar a un agresor. Cuando la Argentina invadió y ocupó las islas Malvinas, el Reino Unido podía tomar cualquier medida que fuera necesaria para expulsarlos.

Pero supongamos que los británicos bombardeaban Buenos Aires. Para que el uso de la fuerza sea necesario, debe redituar una ventaja militar directa que ayude a combatir la agresión. No sería aceptable sostener que bombardear una ciudad en el continente era necesario para obligar a la población argentina a ejercer presión sobre la junta militar para que se retirara de las islas. De modo que bombardear Buenos Aires en ese contexto habría sido innecesario y, por lo tanto, no podría calificar como algo proporcionado.

Los abogados internacionales suelen confundir los conceptos de necesidad y proporcionalidad, con el argumento de que ambos se aplican en las guerras de autodefensa. Pero esto no es tan claro como en el derecho penal doméstico. No conozco ningún caso en la versión internacional de dispararle a los ladrones que se escapan donde una corte haya afirmado que el uso de la fuerza era necesario pero no proporcionado.

Existen dos razones para explicar por qué el derecho internacional es tolerante con el uso de toda, o casi toda, la fuerza necesaria. Primero, en los conflictos internacionales, el ejército que defiende siempre debe proteger las vidas de sus ciudadanos, no sólo la propiedad. Segundo, con raras excepciones, no hay ninguna fuerza policial internacional que pueda asistir a una nación que se defiende.

El problema de la fuerza desproporcionada tiene diferentes ribetes en el campo de batalla, donde los soldados ya están inmersos en la guerra. Entre todas las decenas de crímenes de guerra en el derecho internacional, ninguno menciona el elemento de la fuerza desproporcionada. El adjetivo más cercano utilizado en el Estatuto de Roma es fuerza "claramente excesiva".

El blanco intencional de civiles está prohibido, al igual que un ataque a blancos militares sabiendo que habrá un daño "claramente excesivo" con respecto al valor del blanco militar. Como es de esperarse, no existe ningún criterio, ni siquiera una teoría, para determinar cuándo el uso de la fuerza conlleva un costo excesivo para los espectadores civiles.

El problema específico en el Líbano, particularmente en el bombardeo por parte de Israel del sur de Beirut, es decidir cuándo los blancos son civiles protegidos o parte de una organización terrorista militante y, por ende, objeto de un ataque legítimo. Tenemos escasa información sobre muchos de estos ataques como para saber si es una cosa o la otra. Esta es un terreno donde los conceptos son claros, pero los hechos siguen siendo oscuros. Los periodistas en el campo de batalla harían bien en indagar sobre los objetivos militares relevantes en lugar de emitir juicios sobre la base de los civiles asesinados, lo cual puede tener una relevancia mínima para el análisis legal.

Project Syndicate

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