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Reportaje especial
Panamá, lunes 14 de agosto de 2006
 

CUESTIÓN DE PRIORIDAD.

Primero cerremos la brecha social

Rodolfo De Gracia Reynaldo

Cada vez que escucho a una publicitada escritora y médica en una cuña de televisión hablar descomedidamente sobre la necesidad de cerrar la brecha digital, me pregunto si ella, la empresa contrita y el Gobierno nacional se habrán planteado antes la importancia de cerrar no una, sino varias brechas que, al margen de que nos quieran hacer ver que si no estamos en esta onda somos de la edad de piedra, son muchísimos más importantes y fundamentales para la vida y para la convivencia armónica y en justicia de los habitantes de un país.

Me refiero a la brecha social, de la cual se derivan otras como la cultural, la habitacional, la económica, la laboral, la educativa, la judicial, la de la salud y, por supuesto, la relacionada con la seguridad y la tranquilidad.

Estudios del Instituto de Estudios Nacionales y cifras de la Contraloría General dejan al descubierto que más de la mitad de la población panameña se encuentra en condiciones de pobreza y avanza hacia la extrema pobreza.

Pero, además, el reciente informe de la Contraloría, fechado 5 de mayo de 2006, refleja que el 65.3% de los 766 mil empleados que laboran en el país gana menos de 400 dólares mensuales; y el 35.8%, menos de 250 dólares.

Con un panorama así, en el que no pueden faltar los desempleados, que en este país se cuentan por miles, y los trabajadores informales que se ganan el sustento a pulso, muchísimas veces con mayor decoro que muchos "excelentemente bien remunerados de oficinas refrigeradas", la brecha digital debe esperar su turno, mientras se van cerrando las otras, o mientras los gobiernos y los privilegiados permiten que se cierren. Porque entre abonarme una computadora, pagar el plan de internet de la compañía que fuera y saber todas la maravillas y bondades "imprescindibles" que encierra la red y pagarle al chino de la esquina el fiado por la comida, echarle piso de cemento a la superficie de tierra donde vivo, ahorrar si se puede para comprarles a mis hijos un colchón barato, pero digno, en el cual puedan dormir o poner la paila, estoy seguro de que cualquier panameño que se encuentre entre los miles que pertenecen a la mitad de pobres de Panamá preferirá todo menos el internet.

Obviamente, la competitividad y la globalización nos impelen para que no nos quedemos rezagados. Y sería bueno, ideal, justo, útil y necesario que todos los panameños sepamos emplear adecuada y provechosamente las herramientas digitales del mundo moderno. No obstante, ¿de qué nos valdría cerrar totalmente esa brecha, si la injusticia abre una más grande, tal vez insalvable, entre ricos y pobres; si las leyes y la impunidad abren abismos en el trato preferencial a los delincuentes de cuello blanco en comparación con los delincuentes sin influencias y prebendas? ¿De qué sirve saber manejar el internet, el datashow, y los programas más sofisticados e inimaginables, si hay niños que se acuestan sin comer, si hay escuelas que no se reparan, si ayer me despidieron del empleo porque no soy del partido que está en el poder? ¿Para qué me sirve saber que ahora, en mi humilde hogar, puedo acceder a la red, tener mi web cam genius, abrir mi página web igual que el hijo del ministro o el nieto de la jefa de mi mamá , que vive en Paitilla, si cada vez que vamos al Seguro no hay medicinas, si en la barraca donde vivimos no hay agua, si anoche se formó un tiroteo?

Más que entrar al mundo virtual, a la red, al mundo digital hace falta que empresarios, gobernantes, intelectuales innatos y ciudadanos comprometidos con el Panamá profundo que preconizó Gasteazoro, se interesen por entrar al mundo real, el de las redes de la injusticia, la marginalización y la invisibilidad en la que están atrapados muchos panameños y puedan palpar esa verdad, que también se ve en la internet (fríamente), pero que se entiende mejor estando con los pies sobre la tierra, no vaya a ser que creamos que esto es una novela.

El autor es docente

Además en opinión

Destrucción de oportunidades en Bocas del Toro: Gabriel Henríquez
Primero cerremos la brecha social: Rodolfo De Gracia Reynaldo
El uso del polígrafo: Eduardo L. Lamphrey R.
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