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Reportaje especial
Panamá, lunes 14 de agosto de 2006
 

DAÑO ECOLÓGICO.

Destrucción de oportunidades en Bocas del Toro

Gabriel Henríquez

Tuvimos que llegar a vivir rodeados de nuestros propios desechos orgánicos para finalmente reaccionar y tomar costosas medidas para resolver el problema de la Bahía de Panamá; y tendremos que esperar una década o más para comenzar a ver claramente los resultados de nuestras tardías medidas correctivas. Hemos vivido más de una década rodeados de una pestilente cloaca, y nos quedan varios años más para resolverlo.

¿Por qué esperamos tanto? ¿Por qué, como sociedad, esperamos hasta tener el problema al cuello para reaccionar? Supuestamente, un hombre aprende de sus errores, pero todo indica que cuando se amplía el panorama a nivel de toda una sociedad, esta máxima no tiene validez, y repetimos los mismos errores, una y otra vez. Como bien escribe Gabriel García Márquez en Cien Años de Soledad - "la historia se repite en espiral".

Es alarmante leer en los medios, y hasta ver con los propios ojos o en fotografías, la depredación que ocurre en Bocas del Toro por urbanistas que con la máscara de un supuesto "desarrollo turístico" hacen precisamente lo contrario: destruir para siempre cualquier oportunidad de desarrollo turístico y con él, el económico del área para los lugareños, así como de ecosistemas completos. Nada menos que matar la gallina de oro ante los ojos de todo un país que abre la boca de asombro, pero hace poco por evitarlo.

Hay que comprender que un desarrollo urbanístico residencial impulsará ligeramente la economía únicamente mientras dure la construcción de las propiedades, pero eliminará por completo cualquier oportunidad futura de un verdadero aprovechamiento continuo del área, a nivel turístico, comercial y hasta educativo. ¿Qué oportunidades puede brindar un grupo de residencias de lujo en la costa del mar, (en un área que solía ser un bosque), visitado unas pocas veces al año por unos jubilados extranjeros? Algunos puestos de "seguridad", otros de empleada doméstica, quizá algunos jardineros.

Si en lugar de deforestar unbosque y aniquilar la fauna y flora, se permite únicamente cabañas de bajo impacto como eco-hoteles, se tendría un flujo constante de turistas todos los meses del año, atraídos por la riqueza natural del lugar. Los bocatoreños ocuparían puestos de trabajo mejor calificados y remunerados en hoteles, restaurantes, como guías turísticos, en tiendas de souvenirs, y todo lo que el turismo tradicional y bien manejado genera de forma exponencial.

Ante eventos que a primera vista parecieran no afectarnos directamente, como la destrucción de uno de nuestros principales atractivos turísticos, leemos del problema, decimos "qué terrible", y pasamos la página para leer de otras noticias. ¿Qué se necesita para reaccionar? ¿Será necesario que se repita la experiencia de nuestra Bahía de Panamá? ¿Esperar 20 años para darnos cuenta de que una exclusiva comunidad de lujo en las costas caribeñas de Bocas ocasionó un desastre ecológico, así como la emigración de bocatoreños que simplemente no encontraron trabajo en sus propias tierras y no pudieron costear un terreno en un área tan costosa? ¿Lamentar que en el pasado en Bocas se podían ver ranas rojas, o cientos de turistas que visitaban con frecuencia el área para ver las tortugas marinas que desovaban en sus costas? ¿Esperar que los letreros de "sendero ecológico" y los gritos de los monos se reemplacen por no tresspasing - private property y los ensordecedores motores de lanchas de lujo?

Las sociedades también aprenden de sus errores, pero evitar que ocurran nuevamente requiere de más esfuerzo que cuando se trata de un solo individuo.

Debemos presionar a la comunidad nacional e internacional y al gobierno para que se tomen medidas inmediatas y enérgicas para evitar lo que sucede en Bocas.

Todos, en mayor o menor medida, somos dueños de nuestra tierra, desde Chiriquí y Bocas hasta Darién, y las riquezas naturales ya no son de una nación exclusiva: disfrutarlas y respetarlas es un derecho y deber de la humanidad.

Bocas tiene un enorme potencial que será aniquilado para siempre si no actuamos de forma enérgica. Todo extranjero que desea residir en Panamá y hacer de este su lugar de descanso, bienvenido.

También el que desea venir y ser partícipe del desarrollo de nuestra nación; pero ni a nacionales ni extranjeros, sin importar las supuestas "grandes inversiones" que ejecuten, debemos permitirles la depredación ecológica y permanente en nuestras tierras.

El autor es ciudadano panameño

Además en opinión

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Primero cerremos la brecha social: Rodolfo De Gracia Reynaldo
El uso del polígrafo: Eduardo L. Lamphrey R.
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El referendo 2006 y las elecciones 2009: Carlos M. Arango Jr.



 
 
 
 
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