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Reportaje especial
Panamá, domingo 13 de agosto de 2006
 

RELACIÓN DE PADRES E HIJOS.

Ser o no ser, esa es la cuestión

Marie L. G. De P. de Cornejo

En un interesante artículo publicado el domingo 30 de julio en la revista del Washington Post titulado: "Padres tóxicos", se discute qué es mejor; ser "padres" o "amigos" de nuestros hijos. De acuerdo a la descripción, padres tóxicos son aquellos que aprueban todo lo que sus hijos hacen, excusan sus actos irresponsables, proporcionan alcohol, tabaco y drogas en fiestas, y no imponen reglas de comportamiento, aduciendo que lo permiten porque de todas formas los muchachos lo harán a escondidas, quiéranlo ellos o no.

Este concepto equivocado y peligroso encuentra férrea oposición tanto de las autoridades, quienes han creado un grupo llamado "policías de fiestas", como de un grupo de padres que han elaborado un contrato donde las familias asumen la responsabilidad de proporcionar a sus hijos una adolescencia libre de drogas y alcohol.

En una sociedad reconocida como extremadamente liberal, esto es mucho decir. El papel tradicional de los padres en la educación de sus hijos está retomando su relegada importancia. Sus razones son obvias. Los arrepentimientos siempre llegan demasiado tarde. Para qué llorar la desgracia de ver un hijo en la cárcel, drogadicto, alcohólico, en pandillas o muerto, como fueron varios de los casos expuestos en el artículo, cuando esto se pudo evitar.

Debemos reconocer que en estos tiempos las horas del día no alcanzan para todo lo que tenemos que hacer. Como consecuencia, es mucho más cómodo dejar el cuidado de los hijos en manos de maestros o niñeras, o de inclusive asumir el papel de "amigos" para obviar las normales confrontaciones con los adolescentes. Y es allí donde radican los problemas de la familia moderna: la pérdida de control y autoridad.

Ser padres en esta época es un trabajo arduo, agotador, interminable, y requiere de nuestra constante presencia. El fácil acceso a información inapropiada que reciben los adolescentes, requiere de una formación con fuertes principios morales, disciplinarios y de responsabilidad. Muchos desempeñamos ese rol a conciencia, pero hay quienes por diversas razones, no hacen su mejor esfuerzo. Canjear la imagen de padre por la de amigo conlleva una complicidad inaceptable e inconveniente en la que perdemos nuestra autoridad como consejeros y guías. La relación de padres e hijos es más profunda y espiritual que una amistad, y mantener ese papel es de suma importancia en nuestros días.

Sorprendentemente al final del artículo los muchachos comentaron que para ellos no es gracioso ver padres o madres actuando como adolescentes. Lo que ellos realmente necesitan es la figura autoritaria, que imponga las reglas y los límites y que definitivamente desempeñen el papel que les corresponde. Tener una estrella guía es primordial en sus vidas y les aterroriza la idea de extralimitarse sin recibir un buen jalón de orejas.

Amigos de nuestros hijos podremos serlo cuando sean adultos responsables, con formación moral y preparación necesaria para servir a la sociedad. Mientras estén en proceso de crecimiento, nuestro papel es el de padres, consejeros y guías y en el fondo eso es lo que ellos esperan de nosotros.

La autora es panameña residente en EU

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