| DECEPCIÓN.
Ajuste salarial de los docentes
Mara Rivera
Todos los trabajadores del mundo merecen un reconocimiento, pero creo que ese reconocimiento debe estar basado en su productividad, esfuerzo, dedicación y la pasión que le ponen al trabajo, independientemente de la labor que se realice.
En hora buena los educadores lograron un ajuste salarial; está visto que todo sube, menos los salarios. Pero… siempre hay un pero.
Pero ahora todos esperamos que ese logro, por pequeño que ellos lo sientan, se vea reflejado en las aulas de clase. Yo, la verdad, estoy algo decepcionada del producto que está saliendo de las aulas de todos nuestros colegios, tanto públicos como privados. Aunque tenemos que reconocer que por lo menos en las escuelas privadas nuestros hijos no pierden clases porque sí.
Y les voy a contar el porqué de mi decepción.
Mi esposo y yo, con mucho esfuerzo, al igual que miles de panameños, tenemos a nuestro hijo mayor (la pequeña todavía no está en edad escolar), en una escuela privada bastante costosa por cierto. Costosa, porque no ofrece todo lo que debería ofrecer y porque pasan cosas como a continuación les cuento:
Un día fui a la primera reunión del año. Esa que hacen para que estemos enterados de porqué subió el costo de la mensualidad, para presentar a los maestros de nuestros hijos y que conozcamos "bien claritas, las reglas del colegio". Cada maestro se levanta, se presenta y da su discurso y las normas del comportamiento en clase y lo que esperan de nosotros como padres y de nuestros hijos como alumnos.
Bueno, la maestra de español se levanta… empieza su discurso y de repente dice en medio del auditorio "...porque el año pasado HUBIERON estudiantes que….", después de eso no escuché más nada.
El "hubieron" que me enseñaron en la escuela es una aberración de nuestro amado español… y, peor cuando es usado en público ¡por la maestra de español de mi hijo! Allí empezó mi decepción.
Otro día, la maestra de ciencias sociales le pide a los niños que investiguen en qué corregimiento viven, cuál es su distrito, su representante y otras cosas muy útiles para nuestra ubicación geográfica. Yo, muy ufana, le ayudo a mi hijo con su investigación. Es un hecho, vivimos en el corregimiento José Domingo Espinar.
Mi hijo regresó con su tarea toda rayada porque la maestra insistió en que él vive en el corregimiento Rufina Alfaro; al pobre lo regañaron y le pusieron una plana sobre Rufina Alfaro. Confieso que me hizo dudar.
Hasta llamé por teléfono al padre de la criatura, don Felipe Cano, creador de la ley. Y no, no estaba equivocada: vivimos en el corregimiento José Domingo Espinar.
Pero… siempre hay un pero. También me he encontrado con educadores muy eficientes... el de inglés, un consejero de mi hijo, a quien él respeta y recuerda mucho. Este maestro siempre se mostró atento al progreso de mi hijo, aún cuando dejó de ser su alumno. De seguro hay muchos como él.
Tengo otras experiencias, malas y buenas, pero no tengo el espacio para contarles. ¿Y por qué no cambio a mi hijo de escuela? Se lo he propuesto a mi hijo, pero con la carita que pone, me da un inmenso cargo de conciencia.
Él ahora no piensa en su buena formación académica, sólo en que está encontrando buenos amigos, y no los piensa abandonar.
La autora es periodista
Además en opinión
• Salvemos a los niños de la guerra: Xavier Sáez-Llorens • Ser o no ser, esa es la cuestión: Marie L. G. De P. de Cornejo • Amenaza terrorista en Londres: Betty Brannan Jaén • En busca de nuestra identidad: Gladys Rumbo • Ajuste salarial de los docentes: Mara Rivera
|