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Reportaje especial
Panamá, domingo 13 de agosto de 2006
 
 
HABLEMOS DE LIBROS
¿SE INVENTAN LOS RECUERDOS VIVIDOS?
 
“Hay veces en que los sueños, a fuerza de repetirse, nos poseen con tal fuerza que terminan convirtiéndose en recuerdos”: Llamazares. 
 
DANIEL DOMINGUEZ Z. 
ddomingu@prensa.com 
 
La vida es un constante acto de ficción. Uno no recuerda cada momento de su existencia por más que crea tener un cerebro tan prodigioso como el de un elefante.

Las remembranzas vienen en porciones pequeñas, en fragmentos que no permiten ver la escena completa. Incluso hay épocas enteras que hemos olvidado casi del todo, como si aquello nunca hubiera ocurrido, y lo hacemos sin darnos cuenta o le pedimos al olvido que lo haga para impedir un posible sufrimiento.

Estamos tan atareados con los deberes de lo cotidiano, que ni siquiera estamos claros en qué pasó detalladamente en las últimas 48 horas de nuestro particular calendario, y eso que esto debería ser más sencillo que preguntarnos qué pasó cuando teníamos dos o cinco años de edad.

Por eso, para completar el pasado se usa con frecuencia el recurso de la imaginación. ¿Acaso, en perspectiva, no caemos en la humana tentación de ponerle más dramatismo a los trances difíciles y le agregamos más colorido a las circunstancias gratas? Es una opción que la ejercemos de manera natural, como algo que no merece cuestionamiento. Entonces, ¿hasta qué punto una obra es autobiográfica y hasta qué punto los recuentos son por entero objetivos? ¿La imaginación es una bocanada de mentiras y los recuerdos son una verdad pura y dura?

El español Julio Llamazares publicó hace 12 años Escenas de cine mudo y en 2006 se ha vuelto editar por Alfaguara con un prólogo en el que su autor explica que una vida es una novela en potencia y que le parece increíble que hayan quienes no admitan que un texto se componga de hechos comprobables con otros que se dieron en la mente del escritor, y que ambos sean ciertos y complementarios.

Aparte de esta discusión sobre difuminación de géneros, Escenas de cine mudo es sobre la capacidad que tenemos de evocar, un trance por el que uno pasa tarde o temprano, con frecuencia o de forma ocasional. Es un pasadizo estrecho o amplio, insondable o diminuto, luminoso u oscuro, cubierto de flores o de rocas, de silencios o algarabías, depende de cada cual.

Ese tránsito de unir los trozos de su vida se dieron en el personaje de Escenas de cine mudo, cuando tuvo en sus manos un puñado de fotografías de un chico que era él. Con ese tesoro de instantáneas pudo ver sus andares como si fuera el editor, censor, guionista y director de su propia película.

Cada capítulo analiza una fotografía y cada imagen le permite asomarse a su estadía en el pueblo minero de Olleros. Descubre el personaje, que se describe a sí mismo como errante y nostálgico, que al pedirle a su memoria que se manifieste, que se levante y hable, su memoria se vuelve tan caprichosa como el proyector del humilde cine que había en su comunidad. Es que las fotografías son, según el autor de Escenas de cine mudo, como “las estrellas: siguen brillando durante años, aunque haga siglos que ya se han muerto”.

Julio Llamazares

Nació en Vegamián (León, España). Su obra es de lo más variada. Tiene poesía (La lentitud de los bueyes y Memoria de la nieve), crónicas de viaje (El río del olvido y Trás-os-Montes), novela (Luna de lobos y La lluvia amarilla), relatos cortos (En mitad de ninguna parte) y guiones cinematográficos (El techo del mundo y La fuente de la edad).

Clásicos europeos que todos deben apreciar

Vicisitudes de una obra maestra

La Dolce Vita, de Federico Fellini

Pieza esencial del cine italiano moderno, con ciertas reminiscencias a Michelangelo Antonioni. Particular visión de la realidad que tuvo Fellini sobre un hecho que ocurrió realmente en Italia en 1958. Una cinta pícara y sincera, escandalosa y divertida. Plantea cómo el exceso de intelectualidad impide a veces comprender las costumbres populares y cómo hay casos en que el periodismo crece por simple morbo y afán de lucro. Un valioso prólogo de A. García Seguí, el guión del filme y fotografías de esta película soberbia.

Reconstrucción de un movimiento

Landru, de Claude Chabrol

Este libro le ayudará a comprender el movimiento francés de cine denominado nouvelle vague, cuya influencia llegó a EU, Italia y España y que no solo tuvo entre sus representantes a Chabrol, sino también a Franju, Malle y Truffaut. Estos autores, relacionados con la publicación Cahiers du Cinéma, hicieron un séptimo arte de autor. Además del guión de Landru hay un completo prólogo a cargo de Joaquín Jordá que le explica detalles sobre el cine frío y a la vez divertido de Chabrol.

Una grata experiencia fílmica

La aventura, de Michalangelo Antonioni

En el cine hay títulos extraordinarios y otros lamentables. Hoy este arte, en líneas generales, tiene una estatura estética gracias a películas como La aventura, la que forma parte de una trilogía compuesta por La nota y El eclipse. Como pasa con frecuencia, esta cinta fue obviada por la mayoría de la crítica y del público de su momento y años después obtuvo una mejor acogida. Este libro trae dos completos prólogos, fotografías del rodaje y su guión. Como el resto de las obras de esta página, está en la Librería Cultural Panameña.

Emoción estética

El Evangelio según Mateo, de Pier P. Pasolini

Pasolini, un artista que no era creyente, es lo suficientemente sensible y poético como para transformar en imágenes la historia de entrega y humanismo de Cristo. Las autoridades eclesiásticas temían por cómo sería entendido el mensaje de Jesús en un hombre tan controversial como el autor de Accatone, pero el resultado es poético, hermoso y emotivo. En torno a la película este libro contiene su guión, un prólogo, imágenes y cartas que envió y recibió Pasolini para explicar su concepción del cine.

 

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