El plan terrorista desarticulado ayer en el Reino Unido nos ha recordado que vivimos junto a enemigos ocultos en las entrañas de nuestra sociedad. Al parecer, la mayoría de los detenidos por la policía había nacido en el Reino Unido, aunque algunos tuvieran orígenes paquistaníes.
El odio está en el interior de nuestro organismo y la amenaza, por tanto, es más peligrosa. El objetivo de tanta saña: turistas desprevenidos, familias en tránsito. Sólo sangre es lo que buscan los terroristas y da igual que lo hagan bajo el paraguas de Al Qaeda, de Hizbulá o de la Jihad... han demostrado que los ataques de Nueva York, Londres, Madrid, Bali o Bombay no son hechos aislados, sino parte de una estrategia en la que los tiempos los marca la promesa de redimirse a través del "martirio".
Luchar contra comportamientos tan enfermizos no es fácil, pero lo que sí podemos hacer es unirnos en contra de aquéllos que quieren acabar con la normalidad de un mundo plagado de defectos, pero repleto de virtudes. La reacción debe ser inteligente y mesurada, porque la sangre no se limpia con sangre. |