| VENEZUELA.
Sin amargura, pero con decepción
Oswaldo Álvarez Paz
En política no vale decir "yo lo dije" y es poco elegante citarse para restregar las consecuencias de no haber atendido advertencias y llamados a la cordura. Ahorraré a los lectores ambas cosas, pero sería un hipócrita si no trasmitiera la decepción que siento en la hora actual de Venezuela.
Estamos en el mes ocho de un año electoral de 11 y el cuadro es deplorable. Si el propio Chávez hubiera invertido tiempo y dinero en diseñarlo, no hubiera resultado tan conveniente para sus propósitos.
Recuerdo las reuniones del pasado mes de febrero entre los factores opositores para ponernos de acuerdo en cuanto a condiciones para unas elecciones limpias.
Se determinaron 10. La mayoría suscribió un documento que las consagraba como no negociables y todos asumían el compromiso de combatir el fraude no participando, si no se garantizaban todas. Aquí estamos, en agosto, contemplando cómo se quiebran muchos de quienes parecían más resueltos a luchar aceptando a este Consejo Electoral, al mismo Registro Electoral Permanente, a las máquinas electrónicas de Smarmatic, sin escrutinios manuales y sin voto secreto. ¡Pobre Venezuela nuestra! Aún le falta mucho por sufrir.
SUMATE planteó las primarias como instrumento para alcanzar la unidad de la oposición. Cuestionamientos fundados y arteros convirtieron la iniciativa en todo lo contrario.
Ha servido más para dividir y confrontar que para sumar. Se desataron los demonios. Con chance, y sin chance, tenemos aspirantes que dicen llegar hasta el final.
Hay quienes están satisfechos con las condiciones actuales y quienes ven todo esto como oportunidad para promocionarse apostando a los próximos años luego de dejar algo organizado y bien financiado.
Como si lo anterior fuera poco, Petkoff y ahora Benjamín Rausseo, sin pasar por primarias, continúan y profundizan en una lucha electoral con resultados cantados de antemano. Mientras tanto, Chávez consolida la dominación totalitaria.
El castro-comunismo atropella, mata, roba, asfixia y amenaza; se alía con gobiernos y estructuras terroristas y forajidas, mientras continúa sembrando odio y revanchismo criminal en todos los sectores. El pueblo sigue abandonado a su propia suerte.
El problema estuvo --y sigue estando--, en la desviación electoralista que desde finales del 2002 se apoderó del mediático liderazgo opositor que ha conducido a Venezuela de derrota en derrota, referéndum revocatorio incluido. La verdadera naturaleza del problema de este país no es electoral.
Confundir el fin con uno de sus instrumentos, es mortal. Aferrarse a ello puede ser cobardía, complicidad o ingenuidad imperdonable. En tiempos inciertos y nublados hay que aferrarse a los principios, a los valores fundamentales y soltar los complejos de mayorías o minorías, ricos y pobres, ignorantes o letrados.
Este régimen es la antítesis de esos principios y valores. Todos sabemos que hay que enfrentar una peligrosa tormenta. Asumamos juntos la responsabilidad.
Firmas Press. El autor es abogado. Ex gobernador del Estado del Zulia. Fundador y presidente del Partido Alianza Popular
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