El presidente, Martín Torrijos, llegó al poder ondeando la bandera de absoluta transparencia en la gestión pública, tan necesaria para el país después de años de oscurantismo. Es cierto que ahora conocemos las cuentas de las partidas discrecionales o que la mayoría de las licitaciones estatales está en internet.
Pero la transparencia es algo más que escanear facturas y publicar contratos. Se trata de una relación honesta y directa con la ciudadanía en la que las decisiones de gobierno se conozcan en el momento oportuno y acompañadas de las razones que las motivaron. Cuando esto no ocurre y las medio verdades se instalan en la política, la confianza en la institucionalidad se deteriora. Eso es lo que ha ocurrido en el caso de la Superintendencia de Bancos.
Un Presidente que se ha hecho rogar, que ha jugado en la frontera de la oscuridad y, ahora, una funcionaria ‘renunciada’ que desmiente la versión de Las Garzas. Lo más triste es que, vista la historia reciente, la versión de Cárdenas es más creíble hoy que la del mismísimo Torrijos. |