| EXPECTATIVA.
Parece ya el final de Fidel Castro
Nicolás Águila
Todo parece indicar que ha llegado el final de Fidel Castro. A estas horas probablemente esté en coma o quién sabe si ya ha fallecido. Esta vez no son sólo deseos fantasiosos del exilio cubano, simbolizados por un Miami expectante y jubiloso que colma las calles y no oculta la alegría que le causa la noticia de que Castro se encuentre incapacitado "con carácter provisional" y haya transferido sus cargos a su hermano Raúl, el número dos en la jerarquía y heredero designado.
Cuando se anuncia en un comunicado leído por su secretario, Carlos Valenciaga, que Castro se hallará alejado del poder durante semanas por incapacidad para ejercer las funciones de gobierno, debido a una urgente operación por sangramiento intestinal, no hay que tomar al pie de la letra el texto de dicho documento, del cual tal vez ni siquiera haya tenido conocimiento el propio Castro.
Conociendo la psicología del dictador y el modus operandi de su régimen, si sólo se hubiera tratado de una intervención quirúrgica, por más riesgosa o complicada que fuera, Castro nunca hubiera ordenado que se diera a conocer ningún anuncio, ni hubiera delegado el poder en su hermano. Eso es lo que resulta inverosímil y poco convincente en el caso de un hombre que, en la única cirugía suya oficialmente divulgada, rechazara la administración de anestesia general pues, según propia declaración, no quería soltar las riendas del mando ni un minuto.
Por otro lado, no sería la primera vez que Castro dejaría de aparecer en público durante temporadas para ser supuestamente sometido a cirugías puntuales y tratamientos especiales, según especulaciones de los analistas que tratan de desentrañar los intrincados misterios de la vida privada del Comandante.
En esta ocasión, la conclusión más plausible es que el tirano ha caído en un estado comatoso irreversible o que ha muerto repentinamente.
Los que en otros tiempos le dieron seguimiento a la enfermedad y fallecimiento de los antiguos dirigentes soviéticos, saben lo difícil que era descifrar la información codificada de los misteriosos partes oficiales del Kremlin. Algo similar puede estar sucediendo en Cuba en estos momentos.
Da la impresión de que están preparando al pueblo noticiosamente, porque quizás no se atrevan a dar de una vez la trascendental noticia por temor a la reacción de la calle, a un posible estallido social, o incluso a una explosión de júbilo de consecuencias incalculables por parte de los sectores más militantemente anticastristas.
Dada la falta de transparencia informativa en Cuba, especialmente en lo que respecta a la salud de Castro, todo análisis resulta inevitablemente especulativo. Es de esperar que en las próximas 72 horas pueda saberse todo con más exactitud y entonces confirmaremos o desecharemos nuestra hipótesis. Mientras tanto, tenemos suficientes elementos de juicio para creer razonablemente que Castro ya está muerto.
El autor es periodista cubano radicado en España
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