Hay que poner orden en el país. Y el orden no es sólo el que afecta a los estamentos públicos, a la desastrosa educación, a la creciente inseguridad o a la sempiterna corrupción. Es preciso ordenar también el sector privado.
El mercado tiene reglas del juego que, principalmente, deben estar regidas por el servicio y el respeto al consumidor. Por desgracia, Panamá no cuenta con agrupaciones serias que defiendan los intereses de los consumidores y eso nos deja en la indefensión a los ciudadanos. Pero a falta de éstas, hay que hacer un llamado a los empresarios para que se exijan mayor rigurosidad y para que practiquen el respeto.
Bolsas de arroz que venden lo que no hay dentro, precios manipulados en pseudo oligopolios no reconocidos, una atención pésima, nula respuesta a los reclamos... Los ciudadanos necesitan confiar en un sector privado que es, al final del día, el que rige buena parte de nuestras vidas. No hay que dejar toda la responsabilidad en las autoridades de control porque las sanciones se deberían recaer sólo en los malos empresarios. |