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Raíces
El valor de las bibliotecas
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| A partir del año 1965 la biblioteca funcionó en un edificio aún más amplio pero todavía no propio en la calle 22 B número 1271 y al frente del actual Palacio Legislativo.Hay que anotar que algunas veces y en la misma publicación se habla de 1965 y en otras de 1961, para la citada mudanza.Los camiones que aparecen en la calle y en la primera fotografía, fueron los encargados de transportar a los libros y enseres de la Biblioteca Nacional a su nuevo y apropiado local en 1987.En la segunda foto, esta edificación localizada en la esquina de la avenida A con la calle 6ta del Barrio de San Felipe del Casco Antiguo de esta capital -barrio que fue bautizado así en recuerdo de uno de los cinco santos que por lo menos con ese nombre figuran en la obra ‘Diccionario de los Santos de Cada Día’, ordenada y recapitulada por Dom (así, con m) Philippe Rouillard en el año 1962-, albergó a partir del 11 de julio de 1942 la Biblioteca Nacional. Otras, que existieron con anterioridad y en otros sitios de la ciudad no tenían el título de Nacional.Se conmemoró hace dos semanas el anterior acontecimiento, y por eso queremos recordar la importancia que reviste toda biblioteca.Desde entonces la Biblioteca Nacional lleva el nombre de Ernesto J. Castillero R.(1895-1981), educador, historiador y escritor de muy importantes trabajos. 713977 |
Referente al tema de las bibliotecas en Panamá, la primera mención que hemos encontrado, y con datos proporcionados por el historiador Juan Antonio Susto en 1846, dice que los jóvenes Pedro Casis, Rufino Urriola y Ramón Meléndez -vecinos de esta capital- tuvieron la idea, que no alcanzaron a realizar, de fundar la primera biblioteca pública de este país.
En 1868, el educador Manuel José Hurtado influye sobre el presidente del entonces Estado de Panamá, Buenaventura Correoso, a fin de que emitiera una ley que crearía la llamada Biblioteca Popular, situada en el barrio de Santa Ana. Belisario Porras, fue su director.
En 1870, Hurtado, Correoso y Justo Arosemena donan sus libros.
Para 1884 funcionaba una biblioteca pública en la planta baja del edificio Municipal de ese entonces. En algunos escritos aparece con el nombre de Biblioteca Balboa, en otros como Biblioteca Colón. Durante una de las guerras civiles colombianas, uno de sus gobiernos militares le suprimió los fondos monetarios y financieros a la citada institución, así que feneció.
Se habla de otros intentos que no resultaron con los mismos objetivos en los años 1891, 1892 y 1894.
En 1937, siendo presidente Juan Demóstenes Arosemena crea la ley 21, por la cual se construirá un Palacio Legislativo.
El diputado Raimundo Ortega Vieto incluyó con posterioridad un artículo que se refería a la construcción de un anexo con funciones de biblioteca. Nada de eso cristalizó, como tampoco otra ley, esta vez de Arnulfo Arias, como mandatario, y José Pezet como ministro de Educación y con los mismos propósitos.
De todas maneras y tal como es más fácil el comprender, no sólo en nuestro país sino en el resto del mundo también la historia se refiere desde cuando existen en las diferentes naciones y culturas esos monumentos al saber, cuales han sido los más antiguos y en qué forma se fue desarrollando su actividad.
Fue en el Oriente -cuna de tanto avance y que hoy la barbarie quiere no sólo desmerecer sino hacerlo desaparecer- en donde nacieron las primeras bibliotecas.
Los pueblos conocidos como asirios-babilonios, hititas, egipcios, hebreos entre otros, fueron acumulando manuscritos, documentos y todo lo que estuviese escrito y fuese de valor.
Desafortunadamente, algunos de ellos tan solo poseían papiros como el caso de Egipto, material que por ser vegetal, no siempre sobrevivió.
En cambio, las barras de arcillas que usaron los hititas y los asirios-babilonios, sí se han logrado casi todas conservar. Los temas incluidos en esos documentos son de índole variado pero priman los jurídicos (Código Hammurabi por ejemplo) o religiosos, imprescindibles para la comunidad.
De la milenaria China diferentes emperadores también nos legaron escritos de interés. Lo mismo sucedió en los mundos griego y romano a los que tanto debemos de agradecer. En futuras "Raíces" trataremos de ampliar más lo anterior.
Y ya para terminar, no recordamos quién fue el autor de lo que viene a continuación, pero ahí va: "Hagamos de cada casa una biblioteca, o lo que es casi lo mismo, una trinchera erizada de libros, contra todos los inquisidores y contra la mentira y el absurdo en que se ha constituido el mundo exterior actual".
Textos: Harry Castro Stanziola
Fotografías: Biblioteca Nacional Ernesto J. Castillero
Proceso: Ricardo López Arias
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