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Reportaje especial
Panamá, domingo 30 de julio de 2006
 

HAY QUE DEFINIR MEJOR LOS RETOS.

El difícil ‘gran’ Mercosur

714221Eduardo Ulibarri

Hagamos a un lado, para evitar contaminaciones, el secuestro político-publicitario de la reciente cumbre del Mercosur por parte de Hugo Chávez y Fidel Castro: sus peroratas antiimperialistas; su aparición estelar en la "Cumbre de los pueblos" paralela, a la que ni siquiera asistió Evo Morales, y su visita a la casa-museo del Che Guevara.

Pongamos en su adecuada perspectiva el "Convenio de complementación económica" suscrito con Cuba: apenas da un carácter multilateral a acuerdos bilaterales ya existentes y establece normas para proteger a las empresas que participen en los intercambios comerciales. Es decir, algo materialmente irrelevante, pero políticamente explotable… por Castro y Chávez, de nuevo.

Y guardemos cualquier reclamo de debilidad o hipocresía a los otros mandatarios asistentes, por exaltar la "solidaridad" entre los pueblos latinoamericanos, pero olvidarse de los padecimientos del cubano.

Todo lo anterior resulta lamentable y, por desgracia, dio un espaldarazo a la imagen y capacidad de maniobra del dictador cubano. Pero no es relevante para la esencia del Mercosur.

Lo verdaderamente crucial para su desempeño se relaciona con otros factores, que no recibieron tanta atención pública durante la cumbre de Córdoba, Argentina, pero tocan la esencia misma de la organización.

Se trata del rígido modelo de integración en que se asienta, y de la desenfocada estrategia de ampliación que ha puesto en marcha.

De esta última es resultado la incorporación de Venezuela, el 4 de julio, como quinto socio pleno, junto a Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, los fundadores. Bolivia podría ser el sexto y existen insistentes gestiones para seducir a otros mucho menos entusiastas, como Chile o México.

A simple vista, crecer parece algo lógico: mientras más países se incorporen al acuerdo, mayor será la dimensión del comercio mutuo y, por ende, los posibles beneficios para todos. Pero esta abstracción conceptual choca con dos riesgos concretos:

Por un lado, la extensión, con su añadido de nuevos intereses, objetivos y doctrinas, podría debilitar aún más el precario andamiaje institucional del Mercosur, hasta ahora ineficaz para resolver las disputas internas entre sus miembros.

Si no, que lo digan los paraguayos y uruguayos, con sus insatisfechos reclamos contra las prácticas de los socios mayores.

Por otro, el influjo de Chávez y Morales en el seno de la organización hará mucho más difícil mantener su relativa sensatez y sintonía política. Cualquier pretensión de convertirla en caja de resonancia de su antiyanquismo estridente distorsionará su razón de ser, conspirará contra la proyección comercial hacia Europa y Estados Unidos, y generará fuertes pugnas con países más moderados, en especial Brasil y Uruguay.

Si el Mercosur practicara un esquema de "integración abierta", que tenga como eje el intercambio, la apertura y la convergencia entre sus miembros, pero, a la vez, promueva la flexibilidad y los acuerdos –individuales o en grupo— con otros países o ámbitos económicos, la ampliación podría manejarse mejor. Además, estaría en mayor capacidad de afrontar los retos y aprovechar las oportunidades del comercio internacional.

Hasta ahora, sin embargo, su modelo integracionista ha sido en exceso cerrado, con excesivos aranceles a la importación; con una enorme gama de exclusiones para el intercambio interno, y con una actitud renuente a que sus miembros negocien acuerdos bilaterales fuera del perímetro del pacto.

Todo esto impide aprovechar las ventajas comparativas de cada socio y limita el potencial de inversiones y crecimiento de todos.

Para países como Argentina y Brasil, que a su gran dimensión añaden un boom exportador producto del crecimiento en los precios y la demanda internacionales de productos básicos (como soya y carne), los retos, por el momento, parecen menores. Lo mismo, y en mayor medida, ocurre con Venezuela y su danza petrolera.

Pero para aquellos que, como Paraguay y Uruguay, dependen de una inserción más orgánica en el mundo para ampliar mercados, exportaciones y riqueza, o ya la han puesto en práctica, la cerrada estrategia del Mercosur es poco sostenible.

Por esto los uruguayos han pedido autorización para suscribir otros tratados de libre comercio, Chile solo contempla una eventual incorporación "flexible", México sigue deshojando su margarita, y Perú y Colombia se mantienen firmes en la Comunidad Andina de Naciones y su cercanía a Estados Unidos.

Es decir, un eventual "gran" Mercosur no parece compatible con sus esquemas actuales. Por esto, la insistencia en ampliarlo sin corregir primero sus rigideces y consolidar su precaria institucionalidad será, en el mejor de los casos, un juego más simbólico que real. Pero, en el peor, podría conducir a su desgarramiento o implosión.

Son temas que en la cumbre de Córdoba quedaron ocultos por el optimismo de los textos oficiales y la charanga retórica de Castro y Chávez, pero que cada vez serán más insoslayables. Quizá la visión más pragmática de Lula da Silva, que ya asumió la presidencia del grupo, logre, al menos, definir mejor los retos.

El autor es periodista y fue director de La Nación, de Costa Rica

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