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Reportaje especial
Panamá, domingo 30 de julio de 2006
 

AMPLIACIÓN.

Secuelas de una decisión libre

Xavier Sáez-Llorens
xsaezll@cwpanama.net

Existe tanta suspicacia en nuestro país que cuando una persona expresa su opinión de forma directa y honesta, los antagonistas emergen de inmediato para atacar despiadadamente, basados en especulaciones viscerales, a quien no esté alineado con sus "verdades".

En sicología, este comportamiento traduce una forma de proyección de la personalidad que usualmente delata hipócritas cualidades.

Tal parece que mi libre decisión de dar apoyo al proyecto de ampliación ha despertado inusitado rencor entre beligerantes partidarios del no, quienes eufemísticamente me llamaron ignorante, torpe, insolidario, aristócrata, soberbio y vendido. Mi madre se divirtió al leer los hirientes mensajes al percatarse que, esta vez, nadie había mentado a la progenitora de su engendrado columnista.

Lo único que les puedo decir a los que atiborraron mi dirección electrónica con esa sarta de sandeces es que, a diferencia de muchos de ellos, mi voto no está supeditado a partidismos políticos, amiguismos, sobornos, adulaciones, protagonismos ni ansias de sacar una tajada del pastel.

Esto es, quizás, lo que más les duele porque estos objetivos son los habitualmente perseguidos por una parte importante de nuestra sociedad.

La tolerancia hacia ideas antagónicas traduce sabiduría, humildad, madurez intelectual y anhelos de convivencia pacífica. Aunque la confesión pública de mi agnosticismo provocó una miríada de correos belicosos e insultantes, eso no me causó extrañeza porque comprendo que la religión ha adoctrinado, por siglos, a las mentes infantiles, desde edades en que lo aprendido deja una huella, generalmente irreversible, que mutila inconscientemente la libertad de pensamiento durante la adultez.

Los recientes mensajes adversos, sin embargo, me provocaron cierta perplejidad ya que considero que este es un proyecto que debería unir a todos los panameños interesados en el progreso y bienestar colectivo de la población. Resulta paradójico constatar que la pretendida ampliación es motivo de sana envidia por los ciudadanos de otras naciones de la región latinoamericana, pero para nuestros compatriotas es un semillero para la germinación de odios, disputas y lucha de clases. ¡Qué tristeza!

A pesar de mi preferencia por el voto afirmativo, aplaudo y disfruto leyendo opiniones de insignes panameños que defienden su indecisión o negativa, con respeto, análisis objetivo y genuinas preocupaciones. Los pensamientos plasmados por las plumas de Ansín, Drohan e Illueca, por citar algunos ejemplos, inducen a la reflexión y a la cautela decisoria.

Con sus escritos, se fortalece la democracia participativa y se enriquece la tormenta de ideas. A eso lo llamo un No racional. Un vasto número de opositores o indecisos, sin embargo, se apega a un distinto y variopinto repertorio de razones. Veamos.

El No político es un voto anti- PRD, cuyos defensores no toleran ver a este partido beneficiarse y, potencialmente, ganar las próximas elecciones si el proyecto honra o supera las expectativas planteadas.

Es una decisión egoísta porque si ellos estuviesen en el poder tendrían idénticos derroteros.

El No crónico es propio de individuos, con perenne amargura o incredulidad, que se oponen a todo por más excelsos argumentos haya a favor. Esta gente es también partidaria de la proclama "abajo el que suba".

El No pesimista es atributo de personas que habitualmente visualizan el vaso medio vacío en cada faceta de sus vidas y se atemorizan ante cualquier situación que posea riesgos. El No provechoso es típico de líderes sindicales y algunos periodistas, abogados o políticos que aprovechan su discurso negativo para negociar nombramientos, obtener coimas y prebendas o conseguir privilegios gubernamentales. Si tienen éxito, a estos individuos los vemos apagar misteriosamente sus voces o variar sus argumentos de forma abismal.

El No ideológico es aquel que contradice cualquier iniciativa que huela a libre mercado o a darwinismo económico. Sus representantes promueven cambiar el sistema económico del país por otro que favorezca el paternalismo estatal o la instauración de modelos fracasados, desfasados de la realidad comercial contemporánea. A estos individuos les sulfura que otras personan tengan mayores recursos, aunque estos hayan sido generados con base en esfuerzo, creatividad y productividad.

Existe también el voto INDECISO, correspondiente a personas congénitamente inseguras, quienes necesitan consultar horóscopos, esperar señales divinas o deshojar margaritas en la mampara de votación para que el último pétalo caiga sobre la casilla elegida.

Lejos de ser nigromante, la percepción actual parece inclinarse hacia la aprobación del ensanche canalero. No obstante, si se desea cierta contundencia en el voto afirmativo, exhorto al gobierno a delinear directrices creíbles encaminadas a financiar estrategias específicas de desarrollo social en temas impostergables relacionados a educación, salud, seguridad y transporte.

De lo contrario, su indiferencia podría ser pagada con votos de castigo, votos en blanco o considerable abstencionismo.

A los ciudadanos les insto a no dejarse manipular por agendas espurias, a favor o en contra, y guiarse solamente por el dictado de sus conciencias.

Tanto unos como los otros podemos equivocarnos en la decisión final, pero lo haremos con la tranquilidad de no haber respondido a afanes ajenos y mezquinos, muy distantes de los que exige la patria.

El autor es médico

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