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Reportaje especial
Panamá, domingo 30 de julio de 2006
 

MEDIO ORIENTE. ANALISTAS OPINAN QUE SIRIA E IRÁN JUEGAN UN PAPEL IMPORTANTE EN LA CRISIS.

Una guerra, dos objetivos diferentes

El fin del conflicto está lejos. Todo indica que solo el desarme de Hizbulá podría traer la paz a la región.

Para los israelíes sus soldados son sagrados. Una baja puede ocasionar una gran conmoción en el país.

713974Adriana Puerta
Especial para La Prensa

En las próximas horas, muchos de los jóvenes de Israel recibirán la ‘Orden 8’, una llamada que les cambiará la vida. Escucharán la voz de un oficial del ejército que les dará el irrevocable aviso: tendrán que dejar su casa y sumarse a una de las unidades de reserva del ejército de Israel que se enfrenta en el norte con los hombres de la milicia libanesa de Hizbulá.

Alrededor de 15 mil jóvenes en todo el país tendrán que dejar sus trabajos, aplazar sus vacaciones y despedirse de sus esposas, madres y novias en los próximos días.

"Si me llaman, voy. No existe un no como respuesta", dice Abi Zimmerman, un joven universitario de 25 años.

El conflicto –que mantiene en alerta a la comunidad internacional y cuya solución parece distante– comenzó el pasado 12 de julio, cuando la milicia libanesa Hizbulá lanzó un misil contra el territorio israelí y secuestró a los soldados Ehud Goldwasser y Eldad Regev.

Un punto sensible

Para muchos israelíes, el ejército constituye la columna vertebral del país. En Israel, todos han pasado por el ejército, desde el hijo del Primer Ministro hasta el más humilde residente de los barrios de Tel Aviv.

Las mujeres tampoco están exentas de esta obligación. Generaciones enteras de abuelos, padres y esposas han pasado por el ejército.

Udi Lebel, psicólogo de la Universidad de Ben Gurion en Tel Aviv, dice que la muerte de soldados del ejército en Israel tiene mucho impacto en este país. "Entre más soldados sean heridos o mueran, los israelíes apoyarán menos los enfrentamientos con los miembros de Hizbulá. Cuando se conocen las malas noticias, la gente siente que sus hijos no están en buenas manos", indicó.

Lebel también hace pronósticos sobre lo que pasará en los días siguientes. "Israel se sentirá como un ganador si los soldados [secuestrados] regresan, pero esto no ocurrirá rápido. El secuestro hace que Hasan Nasrala, líder de la milicia chií, siga siendo importante y permanezca vigente aunque se le acaben los misiles o salga del Líbano", señala el académico.

En vista de esto, agrega, el Gobierno israelí debe entender la importancia de empezar un proceso diplomático paralelo a las acciones militares.

Por su parte, Moshe Eldad, otro analista israelí, señala que el líder de Hizbulá es consciente de la alta sensibilidad que tienen los israelíes por los jóvenes del ejército.

"La meta es matar el mayor número de soldados para desmoralizar la sociedad y lograr que ésta presione al Gobierno para que negocie".

Dicho argumento se comprobó el miércoles pasado cuando se conoció el nombre de los nueve soldados muertos en los pueblos de Maroun Al Ras y Bint Jbail. Seguidamente llegaron las críticas de los padres y otras de otros sectores de la sociedad israelí.

Pese a las bajas, el apoyo hacia la ofensiva en el Líbano continúa. De acuerdo con una encuesta realizada por el instituto de estadísticas Dahaf, un 81% de los israelíes apoya los enfrentamientos, mientras que otro 71% piensa que Israel debería usar más fuerza.

De acuerdo con Gil Friedman, un analista norteamericano en Tel Aviv, el ataque sobre ciudades tan importantes como Haifa o Tiberias es lo que generó el apoyo del 90% de los israelíes, incluidos sectores de la izquierda.

"Si Hizbulá sólo hubiera atacado un pueblo lejano del norte, el apoyo hacia la ofensiva no hubiera sido el mismo", añadió.

Estrategias

Esta semana, el primer ministro israelí Ehud Olmert dio a conocer parte de la estrategia del gobierno en el conflicto. Según él, Israel busca ganar una zona de aproximadamente dos kilómetros en el sur del Líbano.

Así, este territorio estaría libre por completo y con lo cual se frenaría que los misiles de Hizbulá caigan sobre territorio israelí. Por otra parte, Olmert también cuestionó la intervención de la comunidad internacional.

Aunque en la región hay observadores de las Naciones Unidas desde 1978, en vista de lo ocurrido en los últimos días, muchos han puesto en duda su eficacia. A los llamados ‘cascos azules y a otros de los hombres que han estado en la zona, se les cuestiona por no implementar la resolución 425 del Consejo de Seguridad que hace referencia a la necesidad de restaurar el orden y la seguridad en la frontera de ambos países. Otros dicen que las fuerzas de la ONU fallaron en prevenir lo que estaba por venir y no denunciaron el armamento de Hizbulá.

Expertos señalan que si la operación militar termina sin que haya grandes cambios o se logren acuerdos las posibilidades de que surjan brotes de violencia son muy altas.

En las calles de Israel muchos dicen que el ejército debe desmantelar totalmente a Hizbulá para que la guerra no resurja en un futuro cercano.

Aquí también se dicen que Hizbulá ha sido camuflado entre la población civil que vive en el sur del Líbano. Se dice que parte de los cuarteles de la organización están localizados en barrios donde viven niños y mujeres.

También se habla de un e-mail que el mayor Paeta Hess–Von, observador de las Naciones Unidas en la frontera, le envió a su comandante del ejército canadiense. Según él, los militantes del Hizbulá estaban usando el puesto de observadores de Naciones Unidas para refugiarse.

En su afán de combatir los milicianos, la Fuerza Aérea Israelí bombardeó la zona, fue así como murieron los cuatro observadores.

Un nuevo Medio Oriente

Los enfrentamientos entre Israel y la milicia chií han puesto a temblar el Medio Oriente.

En Israel y fuera de sus fronteras se escuchan las voces de gente que habla de una futura guerra, más intensa que involucraría a Siria e Irán.

En reiteradas ocasiones se ha dicho que Hizbulá cuenta con el apoyo material e ideológico de Irán, cuyo presidente, Mahmud Ahmadineyad, ha confesado estar en contra de la existencia del Estado judío.

Analistas dicen que, aunque por un lado Siria tiene miedo de un ataque sigue interesada en recuperar las Alturas del Golán, un territorio verde y montañoso que fue anexado por Israel a su territorio después de la guerra de 1967.

Ello hace suponer que Siria conserva su malestar hacia Israel y aunque no lo ataque directamente estaría apoyando a Hizbulá y a otras organizaciones que se oponen a la existencia del único país judío en la zona.

Las conversaciones con Siria podrían ayudar a neutralizar a Hizbulá y debilitar el brazo armado de Hamas. Vale la pena recordar que Arabia Saudita, Egipto y Jordania no se sienten identificados con la ideología de Irán y están preocupados por el avance que este país podría lograr en la región.

Líbano se ha convertido en un frente de defensa para Irán y Siria contra Israel por eso también ambos países respaldarían a Hizbulá.

Según académicos, la actual ofensiva de Israel en el norte y el sur de aquel país tiene que ver con su futura estrategia de retiro.

En ese sentido, Asher Susser, un experto en la materia, señala que Israel quiere retirarse para crear un entorno seguro a su alrededor tanto en el norte como en el sur. Si no lo logra será difícil hablar de un retiro de Cisjordania (Gaza).

Las voces palestinas no son muy optimistas respecto a los días por venir. Hay algunos que dicen que aunque haya conversaciones e intercambio de prisioneros es difícil confiar en los israelíes. Por otro lado, dentro de Israel es posible escuchar opiniones que dicen que aún no se puede cantar victoria en esta guerra.

CUATRO DÍAS DE ATAQUES

26 DE JULIO: Al menos nueve soldados israelíes mueren en combates.

27 DE JULIO: Los miembros del Consejo de Seguridad adoptan una declaración en la que lamentan la muerte de cuatro los "cascos azules".

28 DE JULIO: George W. Bush y Tony Blair llaman al rápido despliegue de una fuerza multinacional en el Líbano.

29 DE JULIO: Hasan Nasrala dice que "Israel no ha conseguido ningún triunfo militar hasta la fecha" en su ofensiva sobre Líbano.


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