Martín Torrijos llegó al Palacio de Las Garzas con tres promesas concretas: cero corrupción, más empleo y más seguridad. No es hoy el día de hablar de las dos primeras, pero sí de cuestionar la errática marcha en la tercera.
La percepción de inseguridad entre la población, el incremento de las actividades criminales organizadas, la falta de control real de las instituciones y el torbellino en la lucha contra el narcotráfico deberían ser razones suficientes para que Torrijos dé la cara y tome decisiones.
Hemos visto cambios de nombres, movimientos en el Consejo de Seguridad y promesas varias de planes imperceptibles. Además, resulta llamativo que el único regaño público del Presidente se dirija contra la institución -la PTJ- cuyo mando no ha sido designado por él.
O Torrijos pasa a la acción y demuestra un talante de estadista o la situación se va a salir del poco control en el que se mantiene ahora. Parece que, al final del camino, toda la culpa de la inseguridad y la violencia no es de los medios. Parece que en palacio no hay rumbo cierto ni ánimo firme. |