Portada | Clasificados | Foros | Ediciones anteriores | Archivo | Contáctenos
  EL IMPRESO  
Hoy por hoy  
 
   
  Opinión  
  Perspectiva  
  Deportes  
  Mundo  
  Economía y Negocios  
  Vivir +  
  Reseña  
  Sociales  
  Horóscopo  
     
  SUPLEMENTOS  
  Ellas Virtual  
  Martes Financiero  
  Aprendo Web  
  Reseña Empresarial  
Pulso de la Nación
  SERVICIOS  
Titulares por
e-mail
Columnistas
Guía del sitio
Tarifas
¿Quiénes somos?
Contáctenos
  TIEMPO LIBRE  
Turismo
De interés
Cartelera de cines
De noche
 
  PÁGINA DEL LECTOR  
Porque nuestros lectores sí cuentan
  CANALES  
Salud
Psicología
Psicología sexual
Bebés
Hogar
Mascotas
Tecnología
Cine
Libros
Farándula
Discos
Reportaje especial
Panamá, sábado 15 de julio de 2006
 

CUMBRE ANUAL.

Manteniendo las promesas que el G8 le hizo a los pobres

Kemal Dervi

Cuando el Grupo de los Ocho se reúna hoy, sábado, en San Petersburgo para la cumbre anual de las principales naciones industrializadas, los países en vías de desarrollo del mundo prestarán atención con interés y esperanza.

Hay que decir que, durante su última reunión celebrada en Escocia, los líderes del G8 aceptaron el desafío de la pobreza extrema en África, Asia y en otros países en desarrollo. Aceptaron perdonar los préstamos impagables debidos por las naciones altamente endeudadas, pero de bajos ingresos, y prometieron otorgar 50 mil millones de dólares adicionales en ayuda anual al desarrollo para 2010, incluyendo una duplicación de la ayuda para África. Lo más importante quizá es que, en las discusiones sobre comercio mundial, prometieron dar su apoyo para llegar a una conclusión que ayude a los pobres, prometiendo disminuir sus propios subsidios agrícolas que distorsionan el comercio y levantar las barreras a las importaciones de los países menos adelantados.

Sin embargo, un año más tarde, pocas naciones pobres han sentido un impacto tangible de esas promesas.

La esperada iniciativa de perdonar las deudas borró decenas de miles de millones de dólares debidos por las economías de las naciones en vías de desarrollo con dificultades, pero la mayor parte de ellas fueron a relativamente pocos países: sólo al Irak los países acreedores le perdonaron 14 mil millones de dólares de los 23 mil millones que perdonaron en total en 2005.

La cancelación de las deudas está vista por la mayoría de los acreedores como una forma de ayuda al desarrollo, lo que está bien. Sin embargo, un préstamo que no es reembolsado y que es condonado no tiene ningún impacto sobre nuevos recursos dedicados al desarrollo.

El aumento de la ayuda puede también demorar mucho tiempo, ya que los ciclos legislativos de apropiaciones generalmente tienen un retraso de un año o más con respecto a los compromisos. Además, los precios altísimos de la energía cuestan más a los países pobres que tienen que importar el petróleo de lo que reciben en ayuda económica adicional.

Según informaciones publicadas por la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), la ayuda oficial al desarrollo pasó de 52 mil millones de dólares en 2001 a 106 mil millones en 2005, lo que a simple vista parece el doble, un aumento extraordinario de la ayuda en sólo cuatro años. Pero si se ajusta ese monto con la inflación y la devaluación del dólar, que es la divisa en la que se calculan oficialmente los montos de ayuda, el incremento real en ayuda económica es más bien un tercio en esos cuatro años, siendo la mayor parte del incremento en 2005 un aumento único por la condonación de la deuda, lo que es muy posible que no vuelva a suceder.

La desilusión más grande del año pasado fue la imposibilidad de llegar a un acuerdo en la fracasada ronda de negociaciones sobre comercio de Doha. Hay aún demasiadas naciones en vías de desarrollo que están excluidas y que miran desde afuera cómo las economías maduras sacan provecho de una "globalización" que todavía no es realmente global. Esa es la razón por la que necesitamos el liderazgo del G8 ahora. Los recursos dedicados al desarrollo serían mucho más productivos si fueran desplegados en un entorno comercial más favorable a los países de bajos ingresos.

El dinero no es todo –ni siquiera lo principal– lo que es absolutamente vital es centrarnos en el resultado final de los esfuerzos por otorgar ayuda.

Los países que tienen más probabilidades de convertir al dinero de la ayuda en ganancias reales para sus ciudadanos son los que tienen instituciones civiles y sociales legítimas y capaces. Sólo con buena gobernabilidad y buenas políticas económicas que apoyen el crecimiento equitativo se puede hacer que la ayuda desde afuera lleve a cambios duraderos.

Si se le aplica correctamente, la ayuda impulsa el desarrollo económico, pero tenemos que ser cuidadosos al medir los resultados. Un aumento en los ingresos, medido únicamente en términos de producto interno bruto agregado, no reduce necesariamente la pobreza. La ayuda no alimenta tampoco automáticamente al desarrollo humano, que implica la ausencia de opresión, ignorancia y violencia.

Las preocupaciones geopolíticas y militares motivaron las prioridades en materia de ayuda externa durante toda la Guerra Fría y siguen existiendo en algunas relaciones entre donantes y destinatarios. La ayuda funciona mejor cuando los países en vías de desarrollo pueden establecer su propio camino, con consejos apropiados de una serie de asociados que incluyan no sólo a los poderosos países industrializados del G8, sino también a sus vecinos y homólogos en otros países en vías de desarrollo.

Este lunes, los líderes del G8 se reunirán con sus homólogos de China, Brasil, India, México y África del Sur. Esta esperada reunión del G8 con los poderes emergentes del mundo en desarrollo tendría que ser ampliada e institucionalizada para otorgar a estas reuniones una mayor legitimidad mundial.

Gleneagles terminó con promesas ambiciosas, promesas que deben mantenerse en San Petersburgo. Si estas cumbres van a tener un significado, cada una de ellas debe tomar medidas concretas que lleven a mejoras duraderas en las vidas diarias de los pobres del mundo, y que nos permitan acercarnos a un multilateralismo eficaz.

El autor es administrador del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

Además en Perspectiva

Manteniendo las promesas que el G8 le hizo a los pobres
¿Triunfa la violencia?
EU siente el largo brazo de Teherán



 
 
 
 
    BUSCADOR  
Google
Web
prensa.com
 
© 2006. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
Advertencia: Todo el contenido de www.prensa.com pertenece a Corporación La Prensa S.A. Razón por la cual, el material publicado no se puede reproducir, copiar o transmitir sin previa autorización por escrito de Corporación La Prensa S.A.
Le agradecemos su cooperación y sugerencias a internet@prensa.com y Servicio al Cliente.
En caso de necesitar mayor información accese a nuestra biblioteca digital o llámenos al 222-1222.
Corporación La Prensa: (507)222-1222 | prensa.com: 323-7292 / 323-7338
Apartado 6-4586 El Dorado Ave. 12 de octubre, Hato Pintado Panamá, República de Panamá