| PROYECTO.
Falta credibilidad
Miguel E. Delgado A.
El actual Presidente de la República, ganó las elecciones de forma amplia (amplia en la realidad de Panamá), bajo la consigna de "cero corrupción", la cual ha sido muy difícil de cumplir en un país con una tradición de malas artes comerciales y políticas. Acciones que en otros mares son delitos, en Panamá son transacciones financieras de lo más normales y loables.
Así las cosas, el actual mandatario se ha embarcado en una política dogmáticamente neoliberal, que deja mucho que desear, ya que el neoliberalismo, como todos los extremismos hijos del liberalismo original, se sustenta en la promesa de un futuro mejor. De modo que aquello de que: "Ahora es cuando, Panamá", es sencillamente demagogia, y hace parte de la crisis de credibilidad, que deberá tenerse en cuenta para todo lo relativo al referéndum sobre la ampliación del Canal.
El pueblo panameño ha sido educado en la cultura del consumo, y en el sistema neo liberal el choque del consumo con la realidad le golpea de forma no sólo material, sino hasta psíquicamente, ya que el colectivo panameño no sólo requiere y exige empleo, sino bienestar. Esto lo hace poco competitivo en la era del neoliberalismo incluso para el proyecto de ampliación del Canal de Panamá, donde está incluida la importación de mano de obra.
Quienes de buena fe pretenden apoyar la ampliación, pues vislumbran más empleo, tal como se prometió en la campaña electoral; quienes vislumbran un aumento legítimo de sus ganancias; e incluso quienes hacen el coro del estribillo que dice "este es un asunto de Estado", tienen que entender que el Estado es un ente político por naturaleza, por consiguiente, un gobernante que en más de una ocasión ha señalado de forma irresponsable: que no le interesa el precio político, tiene que pagar ese precio en el referéndum anunciado.
Los sectores políticos y empresariales no deberían unir su suerte a un proyecto destinado a ser derrotado, pues un triunfo del no significaría el hundimiento de todos aquellos que de forma irresponsable o ingenua abanican un sí imposible dado el grado de incredulidad que anida en el pueblo por ese político que señaló en su momento: "no me interesa el precio político".
El Canal, dijo acertadamente el general Torrijos, es la religión que une a los panameños, y no debemos permitir que se transforme en la ambición que divide a los panameños; las fuerzas vivas del país no pueden comprometerse en un proyecto que al ser presentado y avalado por el Ejecutivo y la Asamblea Nacional se ubica de forma inexorable en el ojo de la tormenta política.
Empresarios y trabajadores deberían exigir a sus gremios naturales solicitar la suspensión del referéndum, o al menos exigirles que se mantengan neutrales, lo cual es un derecho que les es propio, como propio también les es participar de las obras sin necesidad de ser víctima de chantaje electoral o emocional por así decir, que les obliga a participar de una aventura con poca credibilidad.
El Canal fue entregado libre de gravámenes y totalmente saneado hace escasos seis años y seis meses; el país no tiene ni una década de recibir de forma integral sus beneficios, ¿cuál es el apuro de hipotecarlo?, pues, señalar que los peajes futuros pagarán la ampliación es un forma de hipoteca.
El autor es abogado
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