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Especial para La Prensa El intenso azul oscuro del mar de Gaza produce éxtasis. Parece mentira que en las playas de esta ciudad conocida por la violencia, haya parasoles de tonalidades vivas, niños que juegan al lado del mar y hombres que sonríen. Es difícil creer que esas aguas tranquilas son sobrevoladas por cazabombarderos que arrojan la muerte. A tan solo minutos está el hospital principal y las oficinas de los miembros de Hamas y Fatah, las dos principales facciones políticas palestinas. En el hospital resaltan los heridos que ingresan por la entrada de emergencia. Hay hombres que hablan de secuestros, lanzamiento de misiles, pobreza y rivalidades. Ahmed Rahizi, un pescador que trabaja en la reparación de su bote, dice que en los últimos fines de semana ha llegado más gente a esta playa, localizada tan solo a unos cuantos metros de la ciudad, un rincón de la tierra regido por las normas del islam. "Después de la muerte de los seis miembros de la familia Ghalia en la explosión de Khan Yunis, algunos tienen miedo de estar en esas playas, entonces vienen hasta aquí", dice Rahizi. El pasado 9 de junio, los Ghalia salieron a disfrutar de un día soleado en el norte de Gaza, cuando de repente una explosión los sacudió haciendo que los cuerpos de seis de sus miembros cayeran sin vida sobre la arena. Solo sobrevivieron dos niños. Las causas de la explosión todavía son inciertas. RECORRIDO Para llegar hasta las playas hay que recorrer un largo camino y atravesar varios obstáculos. Una vez ahí es necesario cruzar un extenso y casi desierto túnel. Los palestinos que quieren ingresar a Israel deben tener un permiso especial. Y cuando llegan los bombazos, el túnel solo se abre por unas cuantas horas. Por este punto han cruzado musulmanes de varias nacionalidades que llegaron a pasar una temporada en la ciudad, pero que luego de los enfrentamientos han decidido regresar a Estados Unidos u otros países. Uno de ellos es Omar Alzawiya, un hombre que vino a visitar a sus primos pero que luego del ataque israelí adelantó su regreso. "No es posible vivir en una ciudad donde se escuchan disparos todos los días y donde alguna gente se paraliza de miedo cuando oye el ruido de los aviones", dice. Los cuadros humanos hablan de pobreza, son los mismos que han recorrido el mundo entero en fotografías y cámaras de televisión. Son ancianos con turbantes en la cabeza que caminan bajo el inclemente sol, niños que cargan pedazos de chatarra oxidada y hombres de mirada penetrante que conducen carretas llevadas por burros y caballos raquíticos. A lo lejos se divisan edificios a punto de derrumbarse. El corazón de la ciudad arroja otras imágenes y otras historias. Hay novias que buscan el mejor vestido para su boda, madres que salen a pasear con sus hijos y jóvenes con libros en la mano. También están las imágenes de los desempleados, de más pobreza. Desde hace cinco meses, el gobierno de Hamas no le paga el salario completo y a tiempo a todos sus empleados. Esto lo confirma Hamman Fuad, un profesor que sirve de traductor a aquellos que llegan a la ciudad. Según él, el retraso se debe principalmente al cese de la ayuda económica a los palestinos desde que Hamas llegó al poder y desencadenó acciones militares contra Israel. "La ayuda fue suspendida y aunque algunos países árabes quieren ayudarnos, tienen miedo. Si lo hacen, existe la posibilidad de que haya un bloqueo o reciban sanciones económicas", prosigue. En efecto, el gobierno de Hamas no ha podido pagar los salarios a aproximadamente 165 mil trabajadores. Estados Unidos y los países que integran la Unión Europea dicen que no reanudarán la entrega de cientos de millones de dólares hasta que Hamas renuncie a la violencia y reconozca la existencia del Estado de Israel. Pero la dirección de Hamas parece no estar dispuesta a ceder. De acuerdo con la Sociedad Académica Palestina, alrededor del 42.4% de la economía palestina se basa en la administración pública. Esto indica que gran parte de los palestinos recibe sus ingresos producto de su trabajo o relaciones comerciales con el gobierno. El 19 de junio, los miembros de Hamas entregaron un adelanto de aproximadamente 300 dólares a cada uno de los cientos de empleados que esperan su remuneración. Se rumora que ello fue posible gracias a una ayuda de 100 millones de dólares que fueron entregadas por el presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, en la última visita que hicieron los miembros de Hamas a ese país. Vientos de guerra En cuestión de días, la poca tranquilidad que se respiraba en Gaza se esfumó. La violencia se intensificó desde el secuestro del soldado israelí Gilad Shalit, ocurrido el 25 de junio. Aquel día, un grupo de milicianos palestinos atacó un tanque y a un grupo de soldados israelíes que se encontraban en la frontera con Gaza. Desde el momento en que se conoció el secuestro, Israel atacó la ciudad para rescatar el soldado y desmantelar las organizaciones terroristas que se encuentran en la zona. Los ataques han sido intensos. Esa ha sido la tónica de los últimos días. Por otro lado, los soldados palestinos parecen una presencia simbólica. Son pocos, caminan solos y algunos no tienen arma. Israel ha arrojado bombas y ha disparado en casas de militantes de Hamas o en los lugares donde se cree que se encuentran los hombres que planean acciones contra Israel. Desde el 25 de junio han muerto más de 30 palestinos en la zona y también más de tres soldados. En Gaza se respira el temor. Hasta los niños saben que el ruido de los motores de los aviones puede ser un anuncio de muerte. Entre el miedo y los ideales Izz Al Deen habla del tema. Además de ser uno de los hombres de Hamas y actual ministro de Cultura, estuvo involucrado en la parte militar del movimiento. Pasó casi ocho años en las cárceles israelíes. Él conoce el paradero de muchos de los hombres buscados por Israel, pero no dice nada al respecto. "No podemos parar. Quiero que haya paz para palestinos e israelíes. Pero antes, Israel debe renunciar a la idea de sacarnos de nuestra tierra", dice con convicción. ¿Cuál es su tierra? ¿Cuáles son los límites que debe tener Palestina? Se tarda en responder. "Para ser sinceros, me gustaban aquellos años antes de 1948; en ese entonces había árabes por todo el actual Israel... Aunque esto suena imposible, todos tenemos derecho a tener sueños". Respecto a los misiles que están cayendo sobre las poblaciones israelíes, dice que son simbólicos. Causan miedo, sí, pero no son "tan letales". "Me cuesta creer que todos estos ataques ocurran por un solo soldado. Para que él regrese a casa, primero habrá que liberar a los presos palestinos, a tanta gente de nuestro pueblo que se encuentra tras las rejas en este momento", señala. Del otro lado A kilómetros de distancia, en Israel, el ambiente no es mejor. En una reunión ante decenas de periodistas, el primer ministro, Ehud Olmert, dijo que no está dispuesto a negociar con una organización terrorista. "No voy a negociar con Hamas". Agregó que Israel hará todo lo posible por defender a su gente. Por otro lado, Ismael Haniya, líder de Hamas y presidente de la Autoridad Palestina, dijo en su oficina de Ramala que está esperando la ayuda de la comunidad internacional. "Esperamos que las naciones y organizaciones del mundo ayuden a proteger al pueblo palestino. También dijo que Hamas está dispuesto a negociar con Israel las condiciones para la liberación del soldado israelí que permanece secuestrado". Al cierre de esta edición, en el centro de Gaza se sentía un poco de tranquilidad. Aunque todo indica que los ataques y los enfrentamientos continuarán, la intensidad del conflicto está ahora en el norte de Israel, donde no han dejado de caer misiles lanzados desde el Líbano y donde los soldados israelíes tratan de detener las acciones del grupo Hizbulá.
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