La ministra de Gobierno y Justicia, Olga Gólcher, se ha unido al selecto club que encuentra la razón de todos los problemas en los medios de comunicación. Esta vez somos culpables de la violencia, al igual que antes lo había señalado el presidente, Martín Torrijos, y el director de la Policía, Rolando Mirones. También somos culpables del desastre judicial y de su mala imagen (lo aseguró Graciela Dixon) y, si seguimos a este ritmo, debemos tener responsabilidad en el calentamiento global.
El manual del político clásico incluye esta salida de urgencia cuando no se tienen respuestas o ideas: "acuse a cualquier otra entidad, lo más genérica posible, para despistar al ciudadano".
La técnica es delirante porque no solo trata al ciudadano como un ser no pensante, sino que evoca la fórmula de algunos pseudodictadores del hemisferio acostumbrados a sentir que todos sus males se acabarían si los medios de comunicación estuvieran bajo su control. Se entiende la obsesión por endurecer las penas por injurias y calumnias. |