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Reportaje especial
Panamá, viernes 14 de julio de 2006
 

CALIDAD DE LA EDUCACIÓN.

¿Asignatura pendiente?

Nivia Rossana Castrellón

Diagnóstico de la educación panameña: Pertinencia, equidad y calidad son los grandes desafíos de la educación nacional, con atención a la diversidad, y primordialmente, ofrecer una excelente educación a los más pobres, quienes requieren de la mejor formación con miras a poder intentar superar con éxito los desafíos de inserción económica y social que enfrentan. Formación integral y para la vida, aprendizajes relevantes de calidad mundial y construcción de ciudadanía son algunas importantes asignaturas pendientes del sistema formativo panameño.

Posibles causas de la crisis educativa en el país:

Un enfoque desmedido hacia la cobertura, sacrificando en el camino a la calidad; serias deficiencias administrativas; uso inadecuado de recursos; limitada cantidad de educadores bien formados, motivados y con actualización permanente; aunado a insuficientes infraestructuras, disminución de los días efectivos de clase y horarios constreñidos, consecuencia de la necesidad de compartir una instalación hasta tres centros educativos en diversos horarios; son parte de los ingredientes de la crisis educativa panameña.

La enraizada politización de la educación, las huelgas y paros, la escasez de políticas de Estado que trasciendan gobiernos y la falta de continuidad en la implementación de planes y programas educativos, así como la tradicional ineficiencia e ineficacia en la distribución de los recursos y en la ejecución del presupuesto, han incidido en que una inversión pública que frisa el 6% del producto interno bruto (PIB), sin considerar la inversión privada en educación, haya sido insuficiente para propiciar el cambio educativo.

Posibles cursos de acción:

Medidas como el diseño e implementación de una estrategia educativa que efectivamente jerarquice a la educación a política de Estado son cruciales; el compromiso compartido de actores sociales y políticos en pro del mejoramiento de la calidad de la educación; la fijación de estándares de excelencia educativos y la institucionalización de un sistema de medición de la calidad de la educación nacional, así como la participación en pruebas internacionales y mundiales que retroalimenten a los tomadores de decisiones de política educativa con herramientas para detectar los problemas y trazar vías de solución. Evidentemente, un educador comprometido, motivado y actualizado es esencial en lograr el cambio.

Reconocimiento:

La actual administración ha adoptado prometedoras iniciativas como la creación del Consejo Nacional de Educación, el proceso de institucionalización del sistema de medición de la calidad de la educación, la implementación de programas como Escuelas de Excelencia y Conéctate al Conocimiento, el diseño de un plan estratégico para la educación panameña, entre otros. Sin embargo, requiere aligerar el paso. Es vital la velocidad y la intensidad en la ejecución de planes y programas ante la magnitud de la crisis educativa, así como la incorporación de actores claves y aliados estratégicos en la búsqueda de soluciones conjuntas, en donde se debe destacar el papel crucial del educador como líder indiscutible de los procesos formativos.

Las autoridades educativas tienen el inmenso reto ante sí de asegurar la continuidad y la sostenibilidad de estas y otras políticas.

Clave:

La conciencia de la familia panameña que, en esencia, es la educación la gran fórmula democratizadora que garantiza inserción productiva en la sociedad y que por ello debe ser privilegiada tanto por los padres de familia como por los niños y jóvenes panameños y el creciente entendimiento de que se trata de una co-responsabilidad en la cual los medios de comunicación tienen un papel crucial como entes formadores de la opinión pública, pueden ser claves en sortear con éxito el desafío de construir una sociedad más rica, más justa y más democrática a través de la educación.

La autora es abogada

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