| URGE UN LIDERAZGO INDEPENDIENTE.
La guerra por el Plan de Desarrollo
Jaime A. Porcell
Cuando el "Sí" del referéndum parecía sobre ruedas, la vieja demanda abanderada, entre otros, por la minoría del "No", empieza a ganar adeptos - ¿en qué va a invertir el Estado el dinero adicional que recoge de un Canal ampliado? -
Un plan de desarrollo consensuado es la condición previa de aquellas naciones cuyas economías despegan. La intención de incluir en la agenda 2006 tal discusión, aupada por la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa, Apede, y respaldada por Conato y otras fuerzas, genera suspicacias en los sectores más duros de Patria Nueva.
Los "duros" entienden que de naufragar el referéndum, hunde también la gobernabilidad de Torrijos. Adosan a tal plan status de declaración de guerra por su potencialidad de generar complicaciones con sectores que negociarían su "Sí" a cambio de concesiones.
Antes de entregar el "Sí", los mismos que hoy impulsan el plan debieron haber pactado su inclusión en el cronograma nacional.
Pero, apresurados, donaron a precio de ganga el entusiasta apoyo y ahora disponen de poco que ofrecer en la negociación para incluir en la agenda oficial 2006 el debate desarrollista.
El conflicto de clases entre trabajadores y empresarios ha redituado a todos los gobiernos. Pero, en los últimos meses, los otrora adversarios alcanzan acuerdos inéditos sobre las leyes del Seguro Social y del salario mínimo, siempre con el Gobierno como mediador.
Alcanzar un proyecto común de desarrollo sin la mediación oficial, deja a esta última y toda su inmensa parafernalia, como prescindible. No conozco gobierno alguno que permanezca tranquilo ante la posibilidad de que los gobernados acuerden, lejos del regazo oficial, lo que hasta ayer, sólo él auspició.
Las bondades del negocio de la ampliación del Canal son indiscutibles. Dentro de 15 años, la empresa canalera llegaría a ingresar a las arcas del Estado, diez veces más de lo que actualmente entrega, con lo que duplicaría el producto interno bruto. Pero, el Gobierno omite explicar cómo el bienestar alcanzará a los sectores menos favorecidos de un país con la segunda peor distribución de la riqueza del continente. Tamaña inequidad apunta a un Tratado Hay-Buneau Varilla que concentró la bonanza económica canalera en el sector servicio de la zona de tránsito, y que, al excluir lo social, generó 40% de pobreza y 100 años de conflictos.
Apede logra convocar a las fuerzas vivas bajo una consigna que trasluce la necesidad de reorientar un país que agotó en 1999 la etapa de recuperación de su principal activo: "Sí a la ampliación del Canal y sí a un plan nacional de desarrollo sobre la base de un gran acuerdo social".
Unos interpretan el acercamiento de Conato y Apede, más que como destellos de madurez de una nación que ya compite globalmente, como la necesidad de recuperar fuerzas. Conato aparece demasiado asimilada y padece de baja convocatoria ante los trabajadores.
La influencia de la empresa privada sobre el poder también luce lánguida.
Hace 15 meses, no consiguió parar la reforma fiscal ni detener el madrugonazo del primer proyecto de ley del Seguro, tampoco la más reciente ley que grava ganancias y transacciones en el mercado de valores.
Ni siquiera la posibilidad de dejar sin bandera a los del "No" disuade a Torrijos para aceptar la invitación apediana de liderar el esfuerzo del plan de desarrollo. Tampoco consigue amilanar la antológica resistencia de los gobiernos en estimular la participación ciudadana. El Presidente prefirió abocarse primero a buscar el "Sí" del referéndum. O sea, déjenme concentrarme en obtener los recursos, luego veremos si discutimos cómo los invierto.
El mismo TLC con Estados Unidos que pretendió impulsar la empresa en conjunto con la aún poderosa embajada, terminó aplazado para 2007.
Si Apede, Conato y otras fuerzas, con todo y la esquivez del Gobierno, consiguen consensuar el plan, habremos visto emerger, un audaz estilo de liderazgo independiente y participativo.
El autor es investigador de mercado
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