| CUANDO DE EDUCACIÓN SE TRATA.
Reinventando el país cada cinco años
I. Roberto Eisenmann, Jr.
Nadie duda que la fundación de todo intento de atacar la pobreza de frente y modernizar el país se inicia con lograr la eficacia de nuestra educación.
No conozco político, sindicalista, empresario, profesional o estudiante que no coincida con esto.
Además, también coinciden en que no es por falta de "jondear dinero" al problema; Panamá invierte más en educación que la mayoría de los países, con resultados pobrísimos; esto también lo aceptamos todos.
¿Cómo es posible entonces que en un tema fundamental en el que todos estamos de acuerdo, no pasa nada? No pasamos de la retórica denunciante con frases un tanto distintas cada 5 años.
Uno de los problemas más serios es que cada 5 años el nuevo gobernante quiere re-inventar el asunto, ignorando todo el camino andado, haciendo nuevos estudios… y allí nos vamos de estudio en estudio para no hacer nada.
Les cuento: el gobierno PRD de Pérez Balladares le eliminó de un plumazo las jubilaciones especiales a los educadores.
La entonces candidata Moscoso prometió en campaña estudiar el problema. Gana la elección y nombra una comisión de alto nivel: Mario Galindo, Juan Jované y este servidor.
Yo objeté mi participación porque – y así se lo manifesté a la Presidenta y a los dirigentes de los educadores – no tenía ningún interés en ser negociador obrero-patronal con los educadores.
Si querían analizar la educación integral junto con la sociedad, entonces sí podrían contar con mi esfuerzo decidido.
Luego de meses de negociación se logró un acuerdo para una cuenta complementaria de jubilación, con contribución de los educadores, quienes lograron un aumento del gobierno para contribuir en algo con su aporte para la jubilación complementaria.
Participé en el proceso… pero confieso que contribuí muy poco; hubo las mutuas felicitaciones y… a otra cosa.
Meses más tarde me llamaron varios dirigentes de los educadores y me pleantearon: "dediquémonos a el análisis y decisiones sobre la educación integral".
Me entusiasmé. Era la primera vez que en vez de hablar de plata los dirigentes tomaban la iniciativa de querer reformar la educación. Comenzaron las reuniones. Tomó tiempo que aceptaran la participación del PNUD -que yo recomendaba con vigor por conocer los anteriores consensos exitosos- y entonces tiempo tomó que aceptaran que la educación es un problema de toda la sociedad, y no solo de gobierno, educadores y padres de familia.
Así se inició un proceso de consenso que tomó 12 meses de intensas sesiones de análisis y recomendaciones concretas de acción. Participó toda la sociedad, incluyendo todos los partidos políticos, el Ejecutivo y el Legislativo, la sociedad gremial y la civil; recuerdo que uno de los diputados más dedicados en el proceso fue Elías Castillo del PRD.
El proceso se llamó el "Diálogo por la Transformación Integral del Sistema Educativo Nacional", y tal como lo describe La Prensa (domingo 2 de julio) la memoria se llamó Una Cita con la Esperanza.
Un gran trabajo – iniciativa de los gremios educativos – hecho por cientos de panameños a través de un año de reuniones.
Resultado: como el gobierno Moscoso entraba en su etapa final ya muy deteriorado, poco logró ejecutar. Hubo elecciones.
Ganó el joven Martín Torrijos del PRD, aliado al PP (todos ellos habían participado en el consenso) y ¿qué hace?... pues, ignorar el trabajo y para continuar con la política tercermundista de re-inventar el país cada 5 años nombra un "nuevo" Consejo de Educación para "recomendar reformas al sistema", formado por 11 personas prestigiosas que llevan cerca de año y medio estudiando; ¡qué malgasto de recursos! La educación, señor Presidente, es un tema de Estado. Dejemos de estudiar lo ya estudiado para hacer ver que hacemos, cuando no hacemos nada.
¿Y los motivados dirigentes educativos?... pues lógicamente desmotivados y de vuelta a pedir más plata, que es lo único que atienden los gobiernos; ahora es peor y vergonzoso "o más plata o NO al referéndum"… y el gobierno cae en esa vulgar trampa, precisamente por estar huyéndole al consenso del proyecto de nación donde estas posturas de "dame que te doy" quedan neutralizadas por la fuerza de la sociedad en su conjunto.
A veces parece que no aprendemos nada y nos chocamos con el mismo tronco una y otra vez. Un presidente joven, bien intencionado, tiene la obligación de empinarse y convocar a la ciudadanía para – como estadista – dejarnos con un consensuado proyecto de nación.
El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana
Además en opinión
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