Las crisis en Oriente Medio logran estremecer al mundo entero. Primero, porque representan el choque de culturas y religiones y, segundo, porque afectan de manera sensible la estabilidad económica y geopolítica del planeta.
Si la situación actual, realmente grave, empeora, se corre el riesgo de que al conflicto entren de lleno otros países vecinos como Siria o Irán y eso abocaría a los diferentes Estados a tomar partido. Todas las miradas están centradas en esta región y, obviamente, surgen cien hipótesis sobre las razones verdaderas de los ataques de Israel o sobre cuán estratégicas fueron las acciones de Hizbulá al capturar a los soldados israelíes.
Ningún movimiento en Oriente Medio es gratuito, ninguna guerra está basada en la sinrazón. Son razones que solo conocen los protagonistas, pero que mueven las maquinarias de guerra y destrucción. Ojalá la comunidad internacional y los foros internacionales sean el campo de batalla paralelo donde se ponga freno a este choque que recuerda momentos aciagos del siglo XX. |