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Reportaje especial
Panamá, miércoles 12 de julio de 2006
 

HABILIDADES COGNITIVAS.

Los resultados del aprendizaje

Anel González

El aprendizaje es el resultado de un proceso, exclusivamente interno y, como tal, individual. Está directamente relacionado con habilidades y competencias cognitivas y metacognitivas, que se acomodan sobre una plataforma de procesos químicos, fisiológicos y eléctricos de la corteza cerebral. Estos últimos requieren para su normal funcionamiento del suplido de nutrientes, que deben venir actuando desde el vientre materno hasta los siete primeros años de edad.

El crecimiento del cerebro depende de tales nutrientes, en la calidad como en la cantidad suficientes. Una falta sostenida de carbohidratos, proteínas y lípidos o una insuficiencia de los mismos impactan significativamente la potencialidad heredada para el aprendizaje. Aunque ciertamente no se dispone de evidencias experimentales controladas sobre la relación de causa y efecto entre la desnutrición y el rendimiento escolar, sí es posible establecer la existencia de indicios que apuntan en dicha dirección.

Algunos estudios como los de Hernán Daza (1997) y los de Gorman, Rivera y Matorell (1995) ofrecen información suficientemente objetiva, como para iniciar una discusión responsable sobre el impacto de la nutrición en el rendimiento escolar. Estos estudios realizados por el Incap (1988-1997), Instituto de Nutrición de Centro América y Panamá, encontraron una relación estrecha entre nutrición y rendimiento en hijos de madres que, cuando embarazadas recibieron un suplemento nutricional y proteico, al igual que sus hijos durante sus tres primeros años vida.

Los resultados indicaron una clara diferencia en el crecimiento del cerebro y la talla, así como una importante diferencia en el rendimiento escolar de los niños y adolescentes que participaron en el programa versus aquellos que no. El análisis de una muestra de jóvenes, entre 13 y 19, que habían participado en el programa de fortalecimiento nutricional, desde el vientre materno y hasta los siete años, cuando fueron sometidos a una prueba de manejo de información, inteligencia y logros educativos, evidenciaron una importante diferencia, a su favor con respecto a una muestra con la cual no se llevó dicho programa nutricional.

Los efectos a largo plazo encontrados en este estudio se reflejaron en una mayor masa magra y estatura en las mujeres y mayor capacidad de trabajo en los hombres con un mejoramiento de la función intelectual en ambos sexos. Estos resultados indican los efectos a largo plazo de una buena nutrición, en virtud del impacto producido en el cerebro, lo cual mejora los procesos cognitivos necesarios para el aprendizaje. El efecto de la desnutrición en las funciones de recuperación del hipocampo también condicionan los procesos cognitivos necesarios para el normal funcionamiento de la memoria.

Aunque en este espacio es muy difícil resumir, cabe señalar que no es posible atribuir los resultados de pruebas para medir aprendizaje, a factores del entorno o a factores de naturaleza didáctica o a la experticia metodológica de los docentes. El rendimiento escolar de los niños y de los adolescente viene mediado por la calidad nutricional de los primeros tres a cinco años de vida. Todo lo que se haga para alimentar y robustecer el crecimiento y mejorar la salud física de los niños es bienvenido, pero no se debe esperar la recuperación del desarrollo cerebral y de sus funciones cognitivas superiores, porque mejoremos la nutrición. Las funciones cognitivas se recuperan, en parte como producto del meta aprendizaje o del entrenamiento instrumental, intencionalmente dirigido a modificar dichos procesos. Aun en este caso los procesos biológicos y neurofisiológicos de los primeros años de vida, que dependen de las proteínas y demás nutrientes para su normal funcionamiento, no podrán potenciarse al máximo luego de la deprivación a la que fueron sometidos en los primeros años.

Como conclusión preliminar, se puede sugerir que una mejora en el rendimiento escolar no depende de la alimentación balanceada de los niños y adolescentes, ahora, ni tampoco de la calidad metodológica de los docentes o de un entorno rico en soporte tecnológico para el aprendizaje; depende de las competencias que tenga el docente para instrumentar los procesos cognitivos con el propósito de flexibilizar su dinámica y funcionamiento.

El autor es psicólogo y docente universitario

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