| CRISIS ENERGÉTICA. AUMENTO DE LA GASOLINA GOLPEA A PESCADORES DE SUBSISTENCIA.
La agonía de los artesanos del mar
Marineros de La Boca, Boca la Caja y El Chorrillo coinciden al denunciar que los costos de operación se han duplicado e incluso triplicado, mientras que las ganancias disminuyeron a la mitad y en algunos casos hasta más. La Autoridad Marítima de Panamá reconoce el problema y advierte que la crisis afecta también a la flota comercial e industrial. La pesca es el primer rubro de exportación de bienes de Panamá.
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| VARADOS. En Boca la Caja, varios botes ociosos se confunden con los desperdicios que dejan las bajas mareas. La inoperancia de muchas embarcaciones se repite a lo largo de todo el país.702646 |
Rafael Luna Noguera
rluna@prensa.com
Sentado en su diminuta oficina de cuatro paredes sin ventanas, Luis Carlos Rodríguez parece un capo di tutti capi. Da órdenes, procesa información, analiza datos, gira instrucciones sin cesar. Suma, resta, multiplica y divide sin cansancio. En su lento pero decidido andar, seasemeja a un pulpo escurridizo en busca de vías de escape y soluciones.
Rodríguez, el gordo como le dicen, es el encargado de la cooperativa pesquera que funciona desde hace unos 30 años -aunque sin registros ni estatutos- en el muelle de La Boca, en la entrada del Canal de Panamá, justo debajo del Puente de las Américas.
Su ajetreo se debe, básicamente, a que en "estos tiempos hay que hacer magia para sobrevivir". Y es que, según advierte, el aumento en el precio de los combustibles ha ocasionado un incremento desproporcionado de los costos de operación y al mismo tiempo una reducción dramática de las ganancias.
En términos más exactos, mientras que los costos para la adquisición de gasolina y lubricantes, víveres, hielo y otros insumos se han duplicado y hasta triplicado, la venta de los pescados y mariscos ha decaído a la mitad y en algunos casos hasta más.
"No sé ni cómo describir esta crisis, pero creo que es de las más fuertes que hemos vivido", dice Rodríguez.
Desde La Boca zarpan 11 botes, de los cuales dependen directamente unos 33 pescadores con sus familias, e indirectamente otras 10 ó 15 personas, quienes se dedican a procesar y vender los productos, a reparar los trasmallos, barcos y motores, y en general a realizar cualquier actividad conexa a la pesca.
Los pescadores de este lugar suelen trabajar en Darién, San Miguel, San Carlos, Isla Verde, Chame, Punta Chame, Farallón, Potoque y otros lares; y por lo general pescan corvinas, róbalos, pargos, tiburones y langostas.
De acuerdo con Rodríguez, sus precios son los mismos desde hace unos 10 años, y oscilan desde 35 y 40 centésimos la libra de revoltura y tiburón, respectivamente, hasta un dólar con 10 centésimos la libra de corvina, róbalo y pargo, 3.75 dólares la de langosta, y entre 12 y 28 dólares la libra de las aletas de tiburón.
En una quincena buena -los marineros trabajan 12 días seguidos y descansan tres-, un bote puede obtener hasta dos mil dólares de pesca, a los que hay que restar los costos de operación, que rondan los 800 dólares. Al final quedan unos mil 200 dólares, que se dividen entre el dueño (quien se embolsilla la mitad), el capitán del barco y los pescadores, a quienes, finalmente, les quedan unos 200 dólares.
"Y ni pensar en subir los precios de los pescados, porque nadie los compraría. Además, todos están igual de golpeados", apunta Juan Martínez, pescador de La Boca, quien dice que él y la mayoría de sus compañeros ha optado por vender a los mayoristas o a los exportadores -cuando consiguen buenos ejemplares-, pero con esos mercados las ganancias bajan aún más, ya que los compradores no solo se han puesto de acuerdo y "cartelizan" los precios, sino que además pagan por debajo de los minoristas.
Frente a esta situación, el panorama es sombrío y casi la totalidad de la "flota" permanece varada en el muelle.
Migraciones obligadas
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| OPERACIÓN. Los pescadores advierten que no solo la gasolina ha subido; también los trasmallos y los repuestos. |
La situación no varía mucho en Boca La Caja, ese barrio de pescadores enclavado entre varios de los más lujosos edificios del corregimiento de San Francisco.
Para llegar al lugar que funge como embarcadero, improvisadas veredas demarcan el camino entre casas de cemento y zinc. Huele a fogón de leña, a pescado frito, a basura, a pobreza.
Las viviendas dan clara cuenta de la crisis: muebles viejos, paredes sucias. Hasta el bolero que escucha el vecino rememora tiempos pasados. En la esquina, algunos pescadores ociosos beben cerveza frente a la abarrotería, mientras el vendedor, como cansado de tanta "paja", arregla una y otra vez los montones de papel sanitario y sardinas enlatadas.
Ya en la costa, atrapada entre el Corredor Sur y las casas, Camilo Mendoza y Juan Jurado reparan una red. La marea está baja y la suciedad flota. Los botes están literalmente varados.
"Aquí estamos bien ‘cogidos’, amigo mío. Imagínese que los pescadores de toda la vida han comenzado a irse hacia la construcción o a trabajar como vigilantes. La pesca no paga", dice Mendoza, quien es dueño de tres de las 50 embarcaciones que zarpan desde esa parte de la costa panameña.
La flota trabaja con gasolina de 91 octanos y el precio de esta se ubica por encima de los tres dólares. "Nuestros precios son los mismos desde hace una década, pero en ese tiempo los combustibles han subido no sé cuántas veces", precisa Mendoza con ahínco, como buscándole justificación a la mala racha.
De esos 50 botes dependen unas 150 familias, muchas de ellas residenciadas en el barrio. Otras se han mudado hacia el interior del país. Los marineros que permanecen en la zona, casi todos de más de 40 años de edad, buscan el sustento en tres áreas: Cepillo y Chimán, en las costas de Chepo y en Darién. Trabajan con Corvina, que venden a 60 centavos la libra; con róbalos, a 70 centavos por libra; y con el popular y más barato berruguete, que se vende a 40 centésimos.
"Hay veces que sacamos unos 800 dólares de pesca, pero las ganancias son de 300 dólares, que debemos repartir entre tres más el dueño. Por eso a cada pescador le quedan unos 50 dólares por semana. Con eso no se puede vivir", añade.
Hace tres o cuatro años, recuerda Mendoza, las ganancias por trabajador podían ascender hasta 100 o 150 dólares por viaje. "Daba gusto salir a la mar porque quedaba buena plata. Ahora no. Estamos apenas sobreviviendo", dice.
Mendoza reconoce que nunca se han organizado y que por eso, quizá, nadie los respalda. "En esto estamos solos. El Gobierno se preocupa por todos los sectores, menos por nosotros", resalta con rencor.
Jurado, quien pocas veces sale de pesca pues más bien se dedica a reparar los botes, puntualiza que no solo la gasolina ha subido. Según él, también los aceites, los trasmallos, los víveres, los motores y sus repuestos.
"No sabemos qué va a pasar. Aquí estamos y como no podemos hacer más nada, aquí permaneceremos", dice, al tiempo que advierte que su mala suerte es la misma de los pescadores de Puerto Caimito, Veracruz, Coquira, El Chorrillo y, en general, de todos los pescadores artesanales del país.
Flora y fauna marina
Y es cierto. La crisis también afecta a los pescadores de El Chorrillo, quienes a diferencia de sus compañeros de La Boca y de Boca La Caja sí están organizados (desde 1962), pero eso no hace la diferencia.
A orilla de playa, o más bien de malecón, Gilberto Ceballos asegura que el negocio "está mal" y en su caso no solo por el aumento de los costos operativos, sino por el desprestigio de la zona como consecuencia de la criminalidad. "Antes vendíamos más en las instalaciones de la cooperativa, pero ahora nos quedamos con poco producto y lo demás lo mandamos al Mercado del Marisco o se lo vendemos a los exportadores", comenta.
En El Chorrillo trabajan unos 14 botes para viajes largos, en especial hacia las afueras del Archipiélago de Las Perlas y las costas de la Cordillera de Sierra Sapo, en Darién; y entre cuatro o cinco más para viajes cortos, que hacen la faena en las afueras del Canal, en Taboga y en los alrededores de ésta, sobre todo Taboguilla, Urabá y Chacá.
Los más grandes buscan Pargos, Dorados y una especie de Mero conocida como Cherma; mientras que los más pequeños se conforman con Corvinas, Sierras, Barracudas, Jureles y algunos Pargos más pequeños.
Y no es que la pesca sea mala, según aclara Ceballos, sino que los gastos han subido tanto que hoy en día los pescadores lo piensan dos veces antes de tirarse a la mar.
Las cifras se repiten: faenas de dos mil libras que equivalen a igual número en dólares, y ganancias quincenales de entre 100 y 200 dólares para los pescadores.
Para Ceballos, al igual que para Luis Carlos Rodríguez y Camilo Mendoza, una solución coyuntural a la crisis podría ser un subsidio estatal de los combustibles, similar al que se da a los transportistas.
Pero el pescador de El Chorrillo está convencido de que la verdadera recuperación del sector vendrá cuando se legisle y tomen medidas que busquen la recuperación de la flora y fauna marina.
"Hemos depredado tanto los ecosistemas que cada vez hay que ir más lejos para traer los pescados, lo cual ya no es rentable. Por ello se deben tomar medidas para restaurar las zonas de pesca y éstas deben aplicarse tanto a los pescadores artesanales como a los comerciales", reflexiona.
Mientras tanto, dice, seguiremos recorriendo el mar entero en busca del sustento diario…
(Vea AMP analiza dar un subsidio a los pescadores)
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