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Reportaje especial
Panamá, domingo 9 de julio de 2006
 

NUESTRA OBRA CUMBRE.

La ampliación: una oportunidad para invertir

Osvaldo Lau C.

Después de Alemania 2006, donde la fiebre del fútbol ha sido parte de la vida de muchos panameños, invadiendo hasta la intimidad del hogar, regresamos ahora a la vida "normal" y a trabajar mental y físicamente para sobrevivir, ya sea como individuos, como familia o colectivamente en la jungla de la economía moderna.

Por ello, estamos obligados a estudiar la mejor posibilidad de invertir nuestros recursos a fin de que reditúen conforme a los principios de seguridad y rentabilidad.

Estoy seguro de que si se presenta la oportunidad, muchos invertirían en empresas tan rentables como los clubes de fútbol de España el Barcelona FC o el Real Madrid o, tal vez, en la misma FIFA.

En Panamá, país bendecido por Dios y donde el calor de la temperatura ambiental se asemeja al calor humano (a pesar de sus excepciones), se agita la bandera de la ampliación del Canal como una de las obras del Estado panameño, digna de considerarse como nuestra obra cumbre.

A pesar de los cuestionamientos, unos sinceros y otros producto de intereses personales o de posiciones meramente políticas, la razón principal para llevar a cabo la ampliación es el futuro del Canal como ente generador de riquezas, las cuales, durante y después de que se realice la obra, deben servir para combatir la pobreza a través del desarrollo de las áreas más sensibles: la educación, la salud y los caminos de producción.

Mientras tanto, es el momento oportuno de ver la ampliación del Canal como una oportunidad de inversión. El Canal es panameño, es nuestro "petróleo" y es rentable.

No nos limitemos a reclamar transparencia y beneficios; seamos parte de él, con el optimismo que nos otorga su historia y su futuro.

Aporto una idea ofrecida hace tiempo a un alto funcionario del gobierno, quien no la atendió porque quizás no la entendió.

Se trata de incorporar a todos los que viven en Panamá, nacionales especialmente, a que sean parte del gran proyecto que le dará a la economía panameña un impulso continuado y creciente.

Explico: para financiar la obra, ya están a la espera prestigiosos bancos que confían en la rentabilidad del proyecto y en el buen manejo de sus finanzas; y eso es bueno. También se promueve la idea de que los préstamos serán pagados por el aumento del peaje, es decir por los usuarios; y eso también es bueno. Pero mejor aún sería si se promoviera la inversión hasta del más humilde panameño para que reciba beneficios directos a través de la compra de valores (en este caso BONOS CANALEROS), que ganarían intereses no menores a la tasa que se le pagaría a los bancos.

Además de una inversión segura, sería más rentable prestarle a la Autoridad del Canal de Panamá que ponerla en manos de los bancos en cuenta de ahorros o a término, que sin duda utilizarían los fondos o ahorros del "panameñito vida mía" para prestarlos a esa misma Autoridad del Canal de Panamá (ACP) con un diferencial interesante, donde solo los bancos ganan.

Los BONOS CANALEROS, ofrecidos al pueblo panameño para que ganen intereses más altos que los que pagan los bancos y con el incentivo de exoneración de todo impuesto, prometen dos cosas: la integración del panameño al proyecto y la captación de recursos internos cuyos réditos se quedan en Panamá.

Con una ley especial para que la ACP emita los BONOS CANALEROS, seremos nosotros mismos parte importante del Canal y de su futuro y dejaremos a un lado las quejas para darle paso al positivismo invirtiendo según las posibilidades económicas de cada uno. Entonces estaremos integrados a la gran obra panameña recibiendo también beneficios según el valor y la cantidad de bonos que cada quien pueda adquirir.

Conclusión: si prestarle a la ACP es bueno para los bancos, también debe ser bueno para el resto de los panameños.

El autor es consultor fiscal

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