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Reportaje especial
Panamá, domingo 9 de julio de 2006
 

EL MUNDO VUELVE A LA NORMALIDAD.

Mientras rodaba el balón…

Daniel R. Pichel
dpichel@cardiologos.com

Y termina el mundial de fútbol entre alegrías, tristezas y sorpresas. Como siempre, los árbitros cargarán con parte de la culpa del resultado final. Los castigos y faltas inexistentes, el festival de tarjetas de colores entre Holanda y Portugal, las manos "no intencionales" y los fuera de juego "polémicos" no dejan de ser protagonistas. Increíble cómo la maquinaria futbolística "quasi-invencible" de América del Sur se hundió con más pena que gloria ante la "vieja Europa" que sigue demostrando que los mundiales en su territorio son para ellos. Zidane y sus "abuelitos" le echaron a perder a la FIFA su sueño de una final entre pentacampeones y anfitriones (estaba soñada desde el sorteo). Los alemanes dieron una clase de ciencias en la serie de penales contra Argentina, pero les faltó corazón contra Italia. Ronaldinho, para lo que hizo, podría haberse ido al dentista durante este mes. Estados Unidos salió por la puerta trasera tratando de no hacer mucho ruido y los españoles generaron otra vez ilusiones que se disiparon como siempre... en octavos de final. África retrocedió mucho de lo que había avanzado en los dos últimos mundiales, mientras México demostró que ningún contrario lo amedrenta. Y así, esta tarde, al terminar la final, el mundo volverá a las andadas.

Pero durante estas cuatro semanas de hipnosis futbolística, nuestro país ha seguido funcionando. Hagamos un repaso de lo acontecido.

Primero lo bueno… la ministra de Desarrollo Social "está clarita" sobre la necesidad de que los medios "autocontrolen el contenido de su programación. Como siempre, no faltan quienes quieren interpretar esto como un problema "moral" o "religioso" aunque lo realmente malo sea exponer a nuestra juventud a material que no mejorará sus valores sociales. Y no me refiero a escenas de sexo que, dentro de todo, es una actividad completamente natural, sino a los temas de violencia y falta de principios a que se ven expuestos en novelas y programas supuestamente "juveniles". Ahora "los buenos" faltan el respeto a la familia, seducen a menores de edad y usan la violencia física o las expresiones soeces contra cualquiera sin importar quién sea. Esperemos que los medios lo entiendan y tomen medidas para hacer algo pensando en mejorar nuestra sociedad más que en mejorar los ratings.

Lo absurdo… Pues nos visitó Hugo Chávez y se dedicó a dar discursos ante cuanto incauto encontró dispuesto a mojarse y a oírlo.

Afortunadamente ese día jugó Brasil (antes de la debacle contra los franceses) y el "comandante Hugo" pasó bastante desapercibido. Yo no me detuve a escucharlo por dos simples razones. La primera, que si en esos días me apetecía escuchar cómo se maltrataba el idoma era más fácil sintonizar las transmisiones del fútbol para disfrutar de los zambombazos, silbantes, mecates y cancerberos de que hacían alarde nuestros narradores. Y, la segunda, que, al pasar por una emisora de las que transmitían las kilométricas intervenciones de nuestro insoportable visitante, escuché la aterradora frase: "mi general"… Inmediatamente volví a sentir náuseas y un dolor de cabeza como el que describen los pacientes cuando sufren un derrame cerebral. Al día siguiente, ya recuperado del "deja-vu", leí en los periódicos sobre los discursos del susodicho señor. Por suerte existen periodistas que, como parte de su labor, tienen que soportar toda esa sarta de tonterías para tratar de sacar algo útil y transcribirlo de manera comprensible. Francamente me sorprendió la manera tan irresponsable como este señor decide "sobre la marcha" lo que hará con el dinero de los venezolanos.

Promete millones como quien promete caramelos y, por lo visto, no tiene que rendirle cuentas a nadie. Prometió una refinería y un oleoducto que pasará también por Colombia (¿le habrá pedido permiso a Uribe o solo a los guerrilleros que patrocina?) pero siempre y cuando sea "bajo sus condiciones" de acuerdo con su obsesivo "ideal bolivariano".

Por suerte, no prometió pagar el tercer juego de esclusas porque ahí sí que se hubiera hecho en la sopera. Lo más seguro es que pase el tiempo y no dé ni un real, porque una de las características de esas enfermedades, son las ideas delirantes y disociadas donde se dice cualquier barbaridad sin sentido y después no lo recuerda.

Lo mejor… Al fin se largó "Limborio"… Aunque dio su cualquier trabajo y seguramente los diputados no juntarían los votos para sacarlo de su puesto por las razones de fondo (hay quienes insisten que los re-elegidos de la época del Cemis no se atrevían a votar contra él), finalmente encontraron un subterfugio legal que sirvió de asidero para destituirlo.

Mis congratulaciones a las aguerridas mujeres panameñas que lucharon para evitar que ocupe un cargo como este un "sospechoso" de violencia doméstica. Sigo pensando que la simple acusación lo descalifica para ocupar semejante puesto. Por suerte, ya fue separado del cargo y a pesar de sus promesas de "volver a la defensoría" lo más seguro es que nunca vuelva a sentarse en esa silla para la cual muchísimos panameños no lo considerábamos idóneo.

Y así pasaron cuatro semanas entre goles, pitazos, zapatazos, cabañas, pitillos y huequillos. Esperemos ahora que todo vuelva a la normalidad y nos enfoquemos en nuestra prioridad como nación: La decisión de qué hacer con el proyecto del Canal.

El autor es médico cardiólogo

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