| PÉRDIDA DE VALORES.
El ‘juega vivo’ panameño
Maritza Lowinger
Después de graduarme de la escuela secundaria, hace ya varios años, continué mis estudios universitarios en el extranjero. Allí conocí a muchas personas de diferentes nacionalidades.
Tan pronto mencionaba que era panameña, la gran mayoría inmediatamente reconocía a Panamá por su Canal y por sus campeones deportivos. ¡Qué orgullosa y contenta me sentía decir que era panameña!
Pero, desde hace algunos años, cuando mencionaba que era panameña, inmediatamente me respondían: "Yo conozco el ‘juega vivo’ y la hora panameña. Todos lo conocen". Al principio me daba risa pensar que Panamá era reconocido a nivel mundial por esas dos cosas y que el Canal y sus campeones mundiales pasaron a segundo, tercero y hasta cuarto lugar. Pero, a medida que ha ido pasando el tiempo, la vergüenza se ha ido apoderando de mi más profundo amor patriótico. Hoy, me avergüenzo totalmente del "juega vivo" panameño que cada vez está peor y peor, llegando al abuso total.
Durante las últimas semanas he estado coleccionando los "Valores de la convivencia" que, gracias a La Prensa y sus patrocinadores, espero no solo llegue a las casas de los lectores, sino también a sus mentes de manera que sirva para nuestro mejoramiento, no solo como individuos, sino como personas que vivimos en sociedad.
Al leer, tanto el suplemento como los ejercicios, vino a mi mente la imagen de mi querido padre, quien desde que yo era muy joven me enseñó: No hay nada mejor que le puedas legar a tus hijos que una buena educación y un buen nombre. Las riquezas vienen y se van. La salud, y más cuando se llega a viejo, viene y se va. En cuanto al amor, algunos vienen para quedarse para siempre, pero otros se van así mismo como llegaron. Pero el buen nombre, insistió, debe quedar para siempre, de generación en generación.
Un sabio rabino me dijo también un día: "Cuando uno muere, la visa que te va a permitir entrar al cielo es primordialmente tu buen nombre".
El buen nombre lo dice todo de una persona. Hay apellidos en nuestro país que son sinónimos de intachables, decentes, honestos, honrados, entre otros. Solo mencionarlos merecen el más distinguido respeto y consideración. Sin embargo, conocemos varios casos en que hijos (as) o nietos (as) han mancillado ese buen nombre que tanto esfuerzo, sacrificio y trabajo les costó a sus predecesores. Y muchas veces lo dañan "jugando vivo", sin importarles manchar el nombre que heredaron de sus antepasados. Para esas personas, "jugar vivo" es el nombre del juego, es la forma de salirse con lo suyo sin importarles el sufrimiento y el daño que les causan a los demás.
¿Hasta cuándo vamos a tener que soportar al juega vivo panameño sin poder hacer algo al respecto ya que ni la ley escrita ni los que deben cumplirla favorecen su desaparición, sino, por el contrario, lo fomentan? ¡Qué horror!
La autora es licenciada en Comunicación Social
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