Enfoque gerencial
Historia del sicario económico
Abey Saied
asaied@prensa.com
OPINIÓN. Hace dos semanas, Hugo Chávez apareció en la portada de los diarios panameños sosteniendo una copia del bestseller de John Perkins, Confessions of an Economic Hit Man o Confesiones de un Gangster Económico. Obviamente vindicado por el contenido del libro en su lucha contra el imperialismo yankee, Chávez es uno de los caudillos que Perkins destaca en su conversión del sucio negocio como sicario económico o EHM. El libro de Perkins tiene serias deficiencias y errores históricos que ya han sido criticados en detalle en una columna anterior de Betty Brannan (Ver La Prensa 5 de marzo de 2006). A pesar de las incongruencias (como por ejemplo referirse a Omar Torrijos como presidente de Panamá), el mensaje general de Perkins, sea cual sea su motivación para escribir el libro, es poderoso. Perkins, de orígenes humildes en New Hampshire, relata su vida en una profesión que, según él, fue el producto de una serie de "coincidencias" extrañas que lo condujeron por el camino lucrativo pero despreciable de EHM.
Empezando con la influencia y los consejos de un Tío Frank, un ejecutivo de alto rango para la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (EU), Perkins evade la conscripción para servir en Vietnam y luego recibe una evaluación siquiátrica que lo califica con un perfil para el perfecto espía. Más que eso, su deseo de desaparecer en las profundidades de la selva de Ecuador con el Peace Corps le amerita un ascenso para convertirse en economista para una empresa de consultoría internacional de Boston. Su función es simple: hacer proyecciones financieras agresivas para países pobres que apoyen la contratación masiva de deuda para la construcción de grandes proyectos de infraestructura. El cliente más grande de su empresa a principios de la década de los 70 era el Banco Mundial. Indoctrinado en las artes oscuras de los EHM, un club exclusivo de economistas y consultores internacionales que representaban poderosos intereses corporativos y del Gobierno estadounidense, Perkins ayudaba a pavimentar el camino para una conquista no militar de la "corporatocracia" en países como Panamá, Ecuador, Guatemala, Arabia Saudita y casi toda África.
Remunerado por el sector privado, gran parte del apoyo financiero de su empresa venía de agencias estatales e instituciones multilaterales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, que en los 70 y 80 adquirían mayor relevancia en el escenario global. Así, ningún gobierno podría ser responsable de las acciones desastrosas de los EHM. Entrenado como una especie de James Bond con licencia para dejar países pobres en bancarrota y a la merced de EU, Perkins inició su trabajo con gusto en Indonesia, Panamá y Arabia Saudita. En cada país su misión era la misma: amarañar las proyecciones económicas de tal manera que los bancos enterrarían al país en una montaña de deuda, mientras los fondos mismos serían captados como ganancia por contratistas como Bechtel, Halliburton y Stone & Webster que construían las carreteras, plantas hidroeléctricas, telecomunicaciones y otros inmensos proyectos de infraestructura. Para que todo esto ocurriera, se necesitaba la complicidad de gobiernos dóciles y corruptos, los organismos multilaterales internacionales y los intereses comerciales de EU.
Una vez que el país caía en bancarrota absoluta, EU estaría en la capacidad de pedir las concesiones que quisiera. En un mundo posterior a la guerra fría, Perkins describe cómo él formaba la primera línea de ofensiva de la corporatocracia estadounidense y el imperaliasmo capitalista. Si un EHM fracasaba en su objetivo, EU despacharía a los chacales - los asesinos reales, usualmente a cargo de la CIA. Si los chacales fracasaban, entonces los militares tendrían que resolver el lío. Según Perkins, cuando Omar Torrijos y Jaime Roldós de Ecuador decidieron no tomar partido de la política económica que buscaba empeñar el Canal o las vastas reservas petroleras ecuatorianas –un fracaso de los EHM– los chacales cumplieron con su cometido. Cuando los chacales fracasaron años después con Manuel Antonio Noriega y Saddam Hussein, ambos aliados de EU en épocas anteriores, hubo invasión y guerra.
El mensaje de Perkins es que nada es lo que parece: detrás de la política de EU están los intereses de poderosas empresas como Halliburton (cuyo presidente Dick Cheney es vicepresidente de EU y ex secretario de Defensa con George Bush) y Bechtel (con presidentes como George Schultz, asesor de Nixon; y vicepresidentes como Caspar Weinberger, secretario de Estado bajo Reagan). Robert McNamara, secretario de Defensa de EU durante la guerra de Vietnam, luego fue el presidente del Banco Mundial, como Paul Wolfowitz ahora, antes subsecretario de Defensa de EU y uno de los arquitectos de la guerra de Irak. Hay muchas otras fuentes más confiables que Perkins con puntos de vista parecidos: Joseph Stiglitz, ex economista en jefe del Banco Mundial y ganador del premio Nobel, el lingüista Noam Chomsky y Jeffrey Sachs, asesor de las Naciones Unidas, son solo algunos.
El autor es editor y financista
Además en negocios
• Agroexportadores contra la pared • Productores sin respuesta del Gobierno • Competitividad en la agricultura • Buscan montar un hotel-escuela • Colombia y EU firman en octubre • Las consecuencias están cuantificadas • Comercio exterior: Tratados no han dado impulso fuerte a las exportaciones • Comercio exterior: Gallina sin cabeza • Comercio exterior: Melones encuentran mercado en Chile • Comercio exterior: Venezuela estimulará el Mercosur • Comercio exterior: Rusia espera acuerdo con Estados Unidos • Enfoque gerencial: Historia del sicario económico • Iberia cancela vuelos por próximo paro de pilotos • Aumentan exportaciones industriales de Costa Rica • Wall Street enfrenta el verano lleno de dudas • Schwab impulsa TLC con Perú • Estancadas ventas al por menor • Buen panorama para Perú por gobierno de García • Apoyan zona de libre comercio con Rusia • Nissan y GM centran atención del mercado • Compañías se interesan en Argelia • Ford Motor China dobla ventas
|