| EJEMPLO.
ENRON y la corrupción en Estados Unidos
Luis E. Murillo
En mis clases para estudiantes de maestría en negocios (MBA - Master in Business Administration) en California, analizamos defectos administrativos en las grandes corporaciones gringas.
Entre esos, he obligado a los estudiantes a que examinen el caso ENRON, la corporación más conocida en Estados Unidos por su colosal colapso en medio de las malentendidas y peor aplicadas filosofías de la globalización a tontas y a locas y la privatización irresponsable (ambas adoptadas en el tercer mundo con resultados desastrosos).
En enero comenzó el juicio a los ejecutivos de ENRON, algo que cayó como anillo al dedo en las discusiones en mis clases, que habían incluido proyecciones de la película premiada ENRON: The Smartest Guys in the Room (ENRON: Los tipos más vivos en el cuarto) (que, hasta donde sé, no se ha mostrado en Panamá, pero que se puede ver en varios vuelos internacionales y que se vende en DVD).
Les pronostiqué a los estudiantes que los ejecutivos de ENRON, Jeffrey Skilling, MBA, y Ken Lay, PhD, a pesar de tener un equipo de abogados que les costaba 60 millones de dólares, serían encontrados culpables por prácticas fraudulentas. El pasado 25 de mayo, un jurado declaró culpables a ambos ejecutivos, lo cual significa condenas de hasta 30 años de prisión, además de multas que los dejarán en la ruina. También varios bancos enlodados en el escándalo han sido demandados por miles de millones, aunque esos casos son más complicados y no tengo espacio para discutirlos en este escrito.
Los casos de Skilling y Lay, junto a las recientes condenas de una larga lista de poderosos ejecutivos bancarios y corporativos, sacan a relucir una realidad innegable: la corrupción financiera en Estados Unidos. El Departamento de Justicia y otras ramas del gobierno, investigan, escudriñan, y enjuician a criminales de cuello blanco constantemente. Lo mismo ocurre en Alemania, Japón, Suecia, Inglaterra y Suiza. Es por eso que los mercados financieros en esos países son respetados y funcionan con orden: banquero ladrón es banquero que va preso.
Ahora veamos el ejemplo de Panamá. A diferencia de los países mencionados, Panamá es una nación donde el crimen financiero y de cuello blanco no existe. Los desfalcos y los malos manejos entre los banqueros, ejecutivos de empresas, y políticos, simplemente es un espejismo. Panamá es un país inmaculado e incólume. Esto nadie lo puede negar, ya que muchos casos han sido investigados, llevados hasta la Corte Suprema de Justicia y han sido archivados "por falta de pruebas". Y si no hay pruebas, no hay caso. Por lo tanto, la corrupción, por decisión de los supremos magistrados y las cortes menores, simplemente no existe en el país del Canal. Es más, en los pocos casos donde fondos mal habidos han sido congelados, prontamente han sido "descongelados" por esos magistrados supremos de inteligencia suprema.
Pero ahí no para la cosa. Resulta que según la Corte Suprema de Justicia de los gobiernos post-invasión, uno de los perIodos mÁs limpios y cristalinos de la era republicana de Panamá ha sido aquEl en que el general Manuel Noriega gobernó con mano de hierro, por no mencionar el período del dictador Omar Torrijos.
Efectivamente, los gobiernos "demócratas" post-invasión rápidamente decidieron que no había suficientes pruebas para investigar ningún caso de corrupción de 1968 a 1989.
Uno se pregunta si la misma oligarquía de los partidos políticos de hoy estaba inmiscuida en la corrupción de Noriega y de Torrijos. Pero bueno, las televisoras y los partidos nos tienen a los panameños de hoy como monitos que vivimos en los árboles.
Pasando a otro tema, el conocido profesor Federico Ardila ha acusado al dictador de la Universidad de Panamá de no tener ni maestría ni doctorado.
Lo que pasa es que el rector Gustavo García, a diferencia de esos que hacen alarde de sus títulos, es un individuo muy modesto. Esos diplomas sí existen, pero están escondidos en su casa y serán hechos públicos a su debido tiempo por las autoridades universitarias.
El rector se pasó varios años sacando su doctorado en España y al regresar a Panamá su tesis doctoral era tan grande que ni siquiera cabía en el avión. Pero nunca habrán de faltar los envidiosos. ¡Ardila, arrepiéntete!
El autor es escritor y docente universitario
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