| VENEZUELA.
La pobreza del presidente Hugo Chávez
El más emblemático de los fracasos de Hugo Chávez como gobernante es el que está asociado, paradójicamente, a la también más emblemática de sus promesas, y en su momento la que mayor simpatía despertó: la de resolver el problema de los "niños de la calle", so pena de cambiarse el nombre si no alcanzaba tan noble objetivo en tres meses.
¿Alguien recuerda que para subrayar su intención los denominó "niños de la patria"? No es necesario decir que en su octavo año de gobierno el problema no sólo tiene la misma envergadura, sino que se ha hecho aún peor con la proliferación de los niños malabaristas, que no por pintoresca deja de ser una dramática muestra del "refinamiento" que ha alcanzado la mendicidad infantil, y que los "niños de la patria" son los mismos "niños de la calle" de siempre.
Tal como los inefables "dignificados" de los desastres naturales le recuerdan todos los días, con las tomas de Conavi, de Fondur y hasta de Miraflores, que "dignificados" un carajo, que ellos siguen siendo los mismos damnificados de otrora, olvidados y frustrados.
Seguramente Chávez imaginó, cuando se propuso tal cometido, con los "niños de la calle", que todo se reduciría a hacer una redada de muchachitos en calles y avenidas, recluirlos en aquel disparate (que afortunadamente nunca cuajó) de la Ciudad de los Muchachos, en Los Caracas, y en otros sitios semejantes, y santo remedio.
No sabía el Presidente, y probablemente ya ni le preocupa porque el tema hace rato que desapareció de su verborrea, que los niños de la calle no son sino la punta de un iceberg; el iceberg de la pobreza atroz, de la miseria, que abarca al 30% de la población venezolana, y que la solución no era la de recoger niños en las calles sino enfrentar el difícil y complicado problema de la pobreza crítica.
Aquí reside el peor fracaso del gobierno. Las "misiones", obviamente, no son sino una ayuda precaria, que en modo alguno alcanza a las raíces del problema.
Los programas sociales tienen pleno sentido cuando acompañan programas económicos dirigidos a arrancar de cuajo las causas de la pobreza, que en muy buena medida tienen que ver con la falta de empleo. La lucha contra la pobreza se resume en un concepto: dar trabajo, crear fuentes de empleo.
Estas son una función directa de la inversión productiva.
Para estimular esta hay tres condiciones que son exactamente contrarias a lo que ha hecho el gobierno actual:
1) Seguridad jurídica, reglas de juego claras y estables (para Chávez la Constitución y las leyes son de plastilina);
2) Un sistema judicial que resuelva controversias conforme a derecho y no según la voluntad de los mandantes o de los "pagantes" ;
3) Una política macroeconómica que estimule la inversión productiva y no solamente las importaciones.
Al paso que vamos, seis años más de Chávez y Venezuela se transformará completamente en una economía de puertos.
Eso sí, las esquinas de todas las ciudades tendrán su espectáculo de niños malabaristas, que podrían pasar a ser un atractivo adicional para el "turismo revolucionario" que promueve el gobierno.
Editorial publicado el 26 de junio del presente año, en el diario Tal Cual, de Caracas, Venezuela.
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