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Panamá, sábado 1 de julio de 2006
 

MÁS MUERTES Y MÁS POBREZA.

El descontrol mundial de armas

Alberto Sierra

Un AK-47 Kalashnikov puede disparar 600 balas en un minuto. Comprar una bala para este fusil en Irak cuesta entre 12 y 36 (46 centavos de dólar) céntimos de euros.

Encontrar medicamentos o antibióticos para un enfermo en este país puede resultar más caro y difícil que llenar el cargador de un fusil. Por solo 72 euros (92 dólares) se puede acabar con la vida de 600 personas en Irak.

El informe Muerte a Tiempo: El Corretaje y el Transporte de Armas, una Amenaza para los Derechos, publicado por Amnistía Internacional, realiza un minucioso estudio en el que se explican las causas de la falta de control por parte de la comunidad internacional sobre el comercio mundial de armas.

Recordemos que, según Intermón, más de 500 mil personas al año mueren por el disparo de una pistola, un rifle o un subfusil

La primera causa radica en el fin de la Guerra Fría; con el muro de Berlín también cayeron los presupuestos militares de muchos países de Oriente y Occidente. La industria armamentista se vio obligada a buscar nuevos compradores. Muchos vendieron sus excedentes a precios muy bajos y sin hacer preguntas sobre el uso posterior que se le iba a dar.

Entonces aparecieron pequeñas empresas dedicadas a fabricar armamento en países empobrecidos. Estas empresas, asociadas con los fabricantes de armas establecidos, comenzaron a producir sus propias minas, granadas, fusiles o ametralladoras.

Los países que no han desarrollado industria armamentista también pueden acceder con facilidad al mercado de armas. El informe detalla la existencia de una red de comercio ilegal en la sombra, que destaca por su extraordinaria organización, compuesta por fabricantes de armas, agentes de compra, intermediarios, transportistas, entidades financieras y aerolíneas de transporte dispuestas a pagar sanciones.

La venta masiva e indiscriminada de aviones Antonov rusos desde 1991 ha favorecido el contrabando de munición para ametralladoras y proyectiles de mortero de Zimbabue a Sudán.

Conocer el número real de armas y proyectiles que se fabrican en el mundo resulta cada vez más difícil dado el escaso control de los gobiernos sobre el mercado de las armas. Según denuncia Intermón Oxfam, cada día se fabrican 38 millones de municiones pero se desconoce el destino del 83%.

El número de países fabricantes de balas no para de crecer y en estos momentos hay al menos 76 países que fabrican municiones, entre ellos Kenia y Turquía.

Durante estas semanas se celebra en Nueva York la "Conferencia Mundial Sobre Armas Pequeñas". Miembros de la sociedad civil se reúnen para exigir transparencia a todos los miembros de la ONU en el comercio de armas. Se estima que en estos momentos hay más de 600 millones de armas ligeras en circulación.

Esta conferencia debería servir también para que los países occidentales se comprometan a regular y reducir la venta y aumentar su compromiso para el desarrollo de los países más desfavorecidos. Los cinco miembros permanentes de la ONU –Francia, Rusia, China, EU y Reino Unido– son los responsables del 88% de las exportaciones mundiales de armas convencionales.

Las ayudas destinadas por estos cinco países al desarrollo de África, Asia, Oriente Medio y América Latina son muy inferiores a los ingresos que obtienen por la venta de armas en estas regiones.

Las armas no solo provocan muertes, acentúan la pobreza y la desigualdad. Resulta difícil comprender que el gasto militar de estas regiones en desarrollo sea de 22 mil millones de dólares, cuando con la mitad se garantizaría la educación primaria a todos los niños que viven en esos lugares. Además, Intermón denuncia que el 85% de las armas ilegales proviene de transacciones aprobadas por los gobiernos.

Es necesario que los países de la ONU se pongan de acuerdo para crear una institución que controle y vigile el tráfico mundial de armas, sobre todo el que se realiza en los países cuya prioridad debe ser el desarrollo como vía de escape a la pobreza.

Para conseguirlo, Paul Kennedy, profesor de la Universidad de Yale, sugiere hacer una sencilla pregunta a los políticos que nos representan en los parlamentos nacionales y en la propia ONU: "Señor, ¿Qué propone usted para frenar la muerte de 500 mil seres humanos al año debido al uso y tráfico ingente de armas?".

El autor es periodista y pertenece al Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS)

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