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Reportaje especial
Panamá, sábado 1 de julio de 2006
 

UNA INDUSTRIA QUE SE FORTALECE.

Panamá, puente del narcotráfico

Eduardo L. Lamphrey R.

Acaba de ser lanzado desde Viena el Reporte Mundial de las Drogas, de la Oficina de Drogas y Crimen de las Naciones Unidas (UNODC). El protagonista del informe de este año no es el incremento de las hectáreas de los cultivos de coca en Colombia, los cuales subieron en 7%, a pesar de la más agresiva campaña de fumigación; el récord actual es la productividad anual de 640 toneladas métricas, es decir, más del doble de hace 10 año.

Esta industria ilícita ha aumentado en los últimos tres años en Colombia, en más de 200 toneladas métricas su capacidad de producción anual, justo en los años más ofensivos del Plan Colombia.

Según las Naciones Unidas, los carteles colombianos todavía tienen a su cargo el cultivo, producción y movimiento inicial del contrabando hacia la costa y algunos embarques directos a la región este de Estados Unidos.

Hasta un 55% de la cocaína que llega a México desde Perú y Colombia usa el mar, el 30% la vía terrestre por Centroamérica y el 15% se transporta por aire.

Los únicos tres países, en el mundo, donde se produce hoja de coca, son Colombia, Perú y Bolivia. Como en Colombia los cultivos vienen decreciendo, Perú y Bolivia pasaron a concentrar el 44% de la producción de cocaína.

Para comercializar esa mayor producción de cocaína, los narcos necesitan moverla a través de países vecinos. Por el cono sur, la cercanía geográfica con Bolivia y el sur de Perú convierten a Argentina en uno de los países de mayor tránsito de cocaína hacia Europa. Los otros países de tránsito son Brasil, Paraguay y Chile.

Para Centroamérica, desde Colombia se envían los cargamentos de cocaína por mar hasta Panamá, ahí son almacenados y luego transportados por tierra a Costa Rica, de donde parten hacia México para llegar al mercado norteamericano.

Panamá, Argentina, Brasil, Chile, Paraguay, Costa Rica y México, son puente de tránsito para el narcotráfico; no son mercados de consumidores, ya que la cocaína tiene un precio/gramo muy alto en Europa, como en Norteamérica que un latinoamericano no puede pagar; para acá se trae pegante, coca adulterada, crack y otras drogas, las cuales son más letales por ser sobrantes de la producción de la cocaína, mezclados con gasolina, diésel o ácido de batería.

En Europa, un kilo de cocaína vale 50 mil dólares. En Estados Unidos, en los últimos 12 años, los precios del gramo de cocaína han circulado entre 120 y 190 dólares.

En Panamá, por un dólar se compra un gramo de cocaína adulterada con harina, leche o azúcar; una dosis de crack y el "pegón" que es mezcla de marihuana con ácido de batería, también se consigue con el mismo precio.

Las estadísticas son una de las sublimaciones modernas de la realidad.

Por eso es importante ver los efectos detrás de los números. Más cocaína pasando por nuestro país, constituyen más narcodólares dispuestos a lavarse, con la compra de propiedades, negocios y voluntades; más cuerpos "ajusticiados", mutilados y acribillados; más barrios marginados, donde la única ley que los rige es la que las organizaciones de la mafia dictaminan.

Generaciones enteras que ven desvanecer su futuro y pasan, en una muy corta vida, por la historia negra y violenta del narcotráfico, sin beneficio social y menos económico, de un negocio altamente rentable, pero cerrado solo para los capos de los carteles de la droga.

El autor es economista y docente

Además en opinión

Evolución y crisis de las alianzas: Carlos Iván Zúñiga Guardia
Panamá, puente del narcotráfico: Eduardo L. Lamphrey R.
¿Qué más queremos hacer?: Carlos M. Arango Jr.
Entre el sí y el no, o el sí comprometido: Jorge Pulido
Ampliación: vencer o convencer: Pedro Sittón Ureta



 
 
 
 
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