| PARTIDOS POLÍTICOS.
Evolución y crisis de las alianzas
Carlos Iván Zúñiga Guardia
Desde hace muchos años numerosos partidos de centro izquierda se aglutinaron en una alianza social demócrata. Se alegaba que el socialismo democrático debía tener su unidad y su propio perfil.
Los partidos socialistas de Portugal, de España y de Chile formaron parte de la nueva organización internacional.
Asimismo, otros partidos históricos, como Acción Democrática de Venezuela, Liberación Nacional de Costa Rica y el liberalismo colombiano se sumaron a la nueva entidad mundial. De Panamá solo tuvo ingreso en la social democracia el PRD.
El cuadro político latinoamericano ha estado siempre muy definido. Existen las fuerzas comunistas que tenían o tienen su organización pero sin masas.
Luego de la Segunda Guerra Mundial advino con fuerza al panorama político la democracia cristiana, la que inicialmente tomó cuerpo en Alemania e Italia y en América en la nación chilena.
De estas tres fuerzas, solo la social democracia presenta signos de vida en la América Latina.
Luego del derrumbe de la Unión Soviética la Internacional comunista entró en crisis. A su vez la democracia cristiana dejó de ser alternativa política de primera línea en América Latina, pero tiene su fuerza en Europa ahora bajo el ropaje de partido popular.
El panorama político actual ofrece algunas novedades.
Ha surgido, con organización y planilla, la corriente populista que levanta banderas propias de los desamparados con acento indiscutiblemente demagógico.
Esa corriente ha tomado el gobierno de Venezuela.
Políticamente, en lo internacional el populismo ataca el imperialismo yankee y en lo interno a las fuerzas social demócratas y demócratas cristianas.
Esa es la experiencia gubernamental venezolana y la electoral del Perú.
Ante el empuje populista, sobretodo por su política expansionista e integracionista denominada petro-América, ciertos partidos social demócratas han adoptado conductas oportunistas.
Otros han enfrentado el desafío populista. El PRD panameño, sediento de petróleo, ha dado tribuna espectacular al populismo mancuernado con algunos cabeceos de la Universidad de Panamá.
Pero esa sed no se mitigó ni siquiera en las ilusiones porque en el tratado ambulante de ofertas del presidente Chávez no se ve ni remotamente la rebaja del precio del combustible. Lo que se ve es la posibilidad de ciertos amarres con resonancias canaleras.
Al PRD no le interesa, según parece, su lealtad a los socios social demócratas, seguramente influido por el lema del almirantazgo inglés: "no tenemos ni amigos ni enemigos permanentes.
Lo único permanente son nuestros intereses". En el mundo de los negocios el lema tiene su provecho, pero en el mundo de las políticas de Estado las deslealtades se pagan caro.
Pareciera que la devoción social demócrata del PRD es negociable, porque cuando el gobierno social demócrata chileno presentó la candidatura de Insulza para la Secretaría General de la OEA, el gobierno social demócrata panameño votó en la primera vuelta por el candidato conservador de México.
En las votaciones posteriores rectificó con éxito al cambiar la correlación de fuerzas.
Todo lo que viene dicho indica que el futuro de las alianzas o el de las nuevas fuerzas estará determinado por la transparencia de sus políticas y de sus políticos.
El populismo, por ejemplo, no puede atacar el tratado de libre comercio celebrado entre el Perú y Estados Unidos si a su vez Venezuela le suministra al Imperio casi el 30% del combustible que necesita para sus designios.
Ni puede Venezuela mantener ocho refinerías propias y decenas de estaciones de gasolina en el territorio del imperio.
Chávez alega que esos recursos son herencias de gobiernos anteriores. Pero nadie está impedido de renunciar a esa herencia.
Ni por supuesto, la social democracia puede reincidir en su política de apoyar dictaduras cuando estas, a su juicio, están empeñadas en luchas soberanas, pero conculcando, a su vez los derechos humanos de todo un pueblo.
Estas aventuras o incongruencias en materia de fidelidad a los principios es lo que permite que líderes de la social democracia y líderes del populismo elogien por igual a los líderes máximos de la dictadura militar panameña.
Las izquierdas deben precisar sus fundamentos ideológicos. Es absurdo seguir la política de apoyar cualquier gobierno tan solo porque adversa al imperialismo norteamericano.
Esa es una izquierda chatarra, sin principios. Recuerdo en los años finales de la dictadura las reuniones que hacían en Panamá los partidos "democráticos" bolivarianos.
En esa oportunidad coreaban frenéticamente la consigna "¡ni un paso atrás!". ¡Simples aventureros de la política, simples oportunistas ventrales!
El país de las maravillas que ofrece la demagogia no cala en los anhelos populares.
Colmados de frustraciones estos pueblos exigen o deberían exigir transparencia moral y firmeza en los principios. Sin estos presupuestos terminarán por desplomarse todas las alianzas internacionales y todos los pactos políticos petroleros o de otra índole.
En el desplome también sucumbirán los sansones modernos y los filisteos criollos. Y el pueblo, como siempre, luego del final de la nueva farsa, continuará viviendo en su vieja tragedia.
El autor es abogado y fue rector de la Universidad de Panamá
Además en opinión
• Evolución y crisis de las alianzas: Carlos Iván Zúñiga Guardia • Panamá, puente del narcotráfico: Eduardo L. Lamphrey R. • ¿Qué más queremos hacer?: Carlos M. Arango Jr. • Entre el sí y el no, o el sí comprometido: Jorge Pulido • Ampliación: vencer o convencer: Pedro Sittón Ureta
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