| FRANCIA.
Chirac y Villepin se pegan a sus cargos
Hans-Hermann Nikolei
Nueve meses después de haber sufrido su ataque de apoplejía, Jacques Chirac vuelve a enseñar los dientes: con una energía que ya no se esperaba, el presidente galo certifica los éxitos del hundido primer ministro, Dominique de Villepin, y se presenta a sí mismo como candidato para las elecciones de 2007.
Sin embargo, los franceses se preguntan si el solitario hombre que reside en el palacio del Elíseo bromea o ha perdido la noción de la realidad.
"Lo peor de Chirac es que ni ve ni oye", sostiene L‘Est Républicain. Para los sindicatos, Chirac está "desconectado de la realidad"; para el partido centrista UDF "vive en una Francia distinta de la nuestra".
Tras la revuelta juvenil del pasado otoño, el conflicto social del invierno y la historia de difamación que acabó convirtiéndose en una cuestión de Estado, las encuestas sitúan al septuagenario presidente en un récord de impopularidad. Además, su malquerido primer ministro se enfrenta a una rebelión en el Parlamento.
Durante semanas los diputados del partido gobernante UMP acorralaron al presidente para que destituyera a Villepin. "¡Villepin debe irse!", gritaba la diputada Christine Boutin durante una nueva explosión en el Parlamento. "No se hace más que acumular crisis y errores de gestión. Y si no hay crisis, logra que se desate una!".
Incluso el diario Le Figaro, cercano al gobierno, habla de buenos motivos para que la UMP tenga "mucho miedo": "Los diputados están politraumatizados" tras cuatro años de fracasos y escándalos y un jefe de gobierno al que ni sus propios votantes aceptan.
Cada vez que Villepin entra en el Parlamento, los diputados de la UMP continúan charlando como si nada.
Cuando el primer ministro se sometió a una moción de confianza, desertaron 200 diputados de su partido. Y cuando apremió a la fusión entre Gaz de France (GDF) y Suez, su propia fracción le mostró la tarjeta roja.
"Eso jamás había pasado en la V República", dijo el politólogo Vincent Tiberj, del instituto de investigación Cevipof. "Para Villepin es humillante. La falta de solidaridad es clara". El premier se ha convertido en la pesadilla de los diputados, que sienten la ira de los votantes en sus distritos electorales. Pero ante la poderosa palabra de Chirac sólo pueden agachar la cabeza.
Villepin no solo quiere seguir, sino que todavía cree en sus posibilidades para las elecciones presidenciales de 2007, aunque las encuestas hablan de un duelo entre su rival en la UMP, el ministro del Interior Nikolas Sarkozy, y la socialista Ségolsne Royal.
Los comentaristas han dicho que el ministro está pegado a su cargo "como una lapa", pero el premier está convencido de que todavía puede convencer a su partido y a los votantes: "En la batalla electoral, el tiempo vale por tres".
Su modelo es Chirac, que en 1995 y 2002 hizo carrera como el gran marginado y logró una nueva candidatura desde una posición que no le dejaba ninguna esperanza.
Desde 1981 Chirac no ha logrado más de un 20,5% de los votos en la primera ronda.
En 2002 logró la reelección solo porque Jean-Marie Le Pen apareció en la segunda vuelta y la izquierda hizo una llamada "a la obligación republicana" de evitar la derecha radical.
De cualquier forma, Chirac ha dictado durante más de una década los destinos de Francia.
DPA
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