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Reportaje especial
Panamá, viernes 23 de junio de 2006
 

DESORDEN.

La cultura del abuso

Fernando Toledo

Hace unos días, iba en mi carro de regreso a casa, al final de la tarde, y, al llegar a un cruce, me ubiqué en la fila y con "toda la paciencia" (que a esa hora no suele ser mucha) me dispuse a avanzar lentamente. Cuando iba llegando al cruce, de pronto ¡y a la velocidad de un rayo! se asomó un taxi que quiso colarse en la fila por delante mío. Yo avancé y no se lo permití, y cuando estuve junto al vehículo, bajé el vidrio de mi ventana y le pregunté al taxista que por qué no hacía la fila, al igual que todos. Me respondió que tenía prisa y que ‘cuál era mi problema, pues si no me gustaba entonces que me regresara a mi país’. Debo decir que en mi carro tengo una calcomanía con las iniciales de mi país de origen.

Sé que casos como este ocurren a diario y que nos hemos acostumbrado a lidiar con ellos, pues son parte de "nuestra cultura" pero de ¡nuestra cultura del abuso! Que como signo de estos tiempos nos globaliza o nos idiotiza, porque a pesar de todo lo bueno que podamos destacar de nosotros, siempre habrá una razón "más rentable" para mostrar lo negativo, porque en la cultura del abuso todo es válido, hay una necesidad de justificar el juega vivo como un acto de sobrevivencia; el abuso se convierte en un acto de legítima defensa, un derecho adquirido "porque a mí me da la gana…¿y qué?".

La cultura del abuso ofende, denigra al ser humano, nos pone en evidencia ante la falta de respeto por el prójimo y por nosotros mismos, "qué me importa si el vecino quiere descansar… Yo pongo mi música a todo volumen, porque estoy en mi casa y… que se aguante", y digo música porque hay canciones que son un ruido y el ruido molesta.

La cultura del abuso nos ha creado una casi total dependencia a mostrar el cuerpo para vender, a abusar de los patrocinios para lucrar, para beber; la cultura del abuso tiene cada vez más cómplices en la política donde se abusa y se beneficia del poder, está presente en los negocios "muy buenos".

Esa cultura nos impone la mediocridad... "si no le gusta, usted puede cambiar de canal" o "no compre tal periódico o no escuche esa emisora, total, usted tiene un criterio formado que sabe lo que es bueno o no"... ¿y qué pasa con los que no tienen ese criterio formado y reciben esa información a cualquier hora, por cualquier medio o en cualquier lugar y son menores de edad?

La cultura del abuso nos hace creer que somos mejores porque muchas veces usamos la inteligencia para aprovecharnos de la naturaleza y destruirla, porque nos aprovechamos de la ilusión para engañar al necesitado, el dinero fácil es bienvenido.

La cultura del abuso no es solamente machista, pues no discrimina, no es elitista, ni populista, es democrática, pues usted la elige o no.

En la cultura del bauso es normal irrespetar las reglas de tránsito: "si por ahí está prohibido conducir, por ahí mismo voy", las isletas son parqueaderos y las calles son el cesto de basura.

En la cultura del abuso también hay muchos privilegios, pero quizá el más deseado sea el de la impunidad, porque casi siempre llegamos a las últimas consecuencias y no pasa nada.

El autor es artista plástico


Además en opinión

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Sembrando esperanza: Jennie Barb
La cultura del abuso: Fernando Toledo
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