| REFERÉNDUM.
Por si ya no fuera tarde
Carlos Bolívar Pedreschi
Con motivo de las reformas a la Ley Orgánica de la Caja de Seguro Social, que el Gobierno propuso a la Asamblea Nacional con la evidente intención de que se aprobaran lo más rápidamente posible, algunos panameños decidimos participar en el debate. En nuestro caso, con la única intención de contribuir a identificar la verdadera naturaleza del problema que se confrontaba, de una parte, y, de la otra, la de desactivar la creciente ingobernabilidad que sufría la sociedad panameña a consecuencia de la extraña percepción y manejo del problema por parte del Gobierno. Sobre la naturaleza del problema del Seguro Social sostuvimos que ésta era eminentemente social y política, y no puramente aritmética, actuarial y burocrática, como lo creyó el Gobierno. Y sobre la ingobernalidad sostuvimos que evitarla era obligación de todos: oposición y Gobierno, y que era "importante preservar la estabilidad institucional del país, evitar el caos nacional y asegurar que el actual gobierno, gústenos o no, pero elegido democráticamente, termine su período".
Hechos varios convencieron al Gobierno de que el apuro era mal consejero y consintieron en otorgar más tiempo para que la Mesa del Diálogo acordara las reformas convenientes. Como se recordará, al final de varios meses el propio Presidente convocó a un acto formal expresando su complacencia por los resultados logrados por la Mesa del Diálogo. Con base en esta experiencia, algunos alentamos la esperanza de que el Gobierno habría asimilado para siempre la lección.
Hoy día, que duda cabe, el problema que el país confronta no es de menor entidad. Se trata de decidir si conviene o no ampliar las facilidades del Canal construyendo un tercer juego de esclusas.
Con relación al problema de la ampliación del Canal, ya hemos tenido la oportunidad de señalar que la naturaleza de este problema es eminentemente económica.
Igual hemos manifestado que lo dicho no significa que el problema, por económico, no pueda ser politizado.
Más aún: el problema puede ser politizado tanto por gobernantes, como por gobernados.
Pero si bien la politización del problema de la ampliación del Canal no cambia la naturaleza económica de éste, sí puede influir, evidentemente, en el modo como voten los ciudadanos.
Una de los hechos desafortunados que, en mi concepto, pudieran contribuir innecesariamente a la politización de un problema tan serio y sensitivo como lo es la decisión sobre el Sí o el No de la ampliación del Canal, sería el de la convocatoria a sesiones extraordinarias de la Asamblea Nacional.
En mi concepto, las sesiones extraordinarias de la Asamblea restringirían innecesariamente el tiempo que el país siente necesitar para terminar de comprender lo esencial de un problema de suyo complejo, en adición a suscitar innecesarias suspicacias.
Para mí, no hay la menor duda de que muchos que simpatizan con el Sí, pero no con limitaciones temporales que implicarían las sesiones extraordinarias, encontrarían razones para dudar sobre la oportunidad de su Sí dentro de tales circunstancias.
El Gobierno debe entender que muchos de los que hasta la fecha compartimos las bondades del Sí pensamos que la emisión de nuestros votos se produciría dentro de un clima de transparencia y de respeto. Y, por lo que hace a los indecisos, éstos sólo esperan medidas gubernamentales contraproducentes como la convocatoria a sesiones extraordinarias de la Asamblea para decidirse por el No.
Evidentemente, la transparencia, racionalidad y tiempo para el debate nacional, constituyen prerrequisitos para la credibilidad del referéndum, al igual que para la sensatez en la decisión que adopte cada ciudadano.
Finalmente, abrigamos la esperanza de que, en el mejor interés del país y del propio gobierno, el señor Presidente atienda las patrióticas y dessinteresadas reflexiones contenidas en este artículo y evite la convocatoria de las referidas sesiones extraordinarias de la Asamblea Nacional.
El autor es abogado
Además en opinión
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