Noriega no va a salir a la calle mañana. Eso lo sabemos porque, por enésima vez, en Estados Unidos le han negado la libertad bajo palabra. Pero sí dejará la prisión en septiembre de 2007. Panamá no se puede permitir el lujo de que este dictador, enemigo de la libertad, atrincherado en el militarismo ramplón que se considera salva patrias, no responda por sus crímenes en nuestro país.
Eso puede ocurrir si el actual Ejecutivo no hace la tarea y cumple con todos los trámites y requisitos para lograr la extradición directa. Hasta ahora, todas las respuestas del gobierno son evasivas, un sí pero ya veremos que nos hace temer que los amigos que todavía tiene el dictador en las entrañas del aparato estatal estén moviendo las fichas necesarias para que éste evada la justicia panameña.
No hay excusas, ni tiempo que perder. Los trámites legales internacionales son lentos y los errores de forma pueden dar al traste con el esfuerzo. Panamá quiere que quien le hizo sufrir, quien sin pestañear mató y desapareció a ciudadanos, sepa que ahora la democracia le hará pagar sus delitos. |