| CUANDO SE USA EL CAMPEONATO PARA INTERESES PARTICULARES.
Fútbol y política
Alejandro A. Tagliavini
¿Por qué los mundiales de fútbol son tan notorios? Es una combinación de pasión natural por el deporte y la sana competencia, la eficacia del sector privado y el poder estatal de los gobiernos que quieren aprovechar la propaganda.
El segundo torneo se jugó en 1934 en la Italia de Benito Mussolini, Il Duce quería organizar el Mundial. Suecia, el otro postulante, retiró su candidatura sin explicaciones. Carteles mostraban a un jugador, con una pelota, haciendo el saludo fascista y, durante los partidos, se veía la bandera italiana y la de Alemania con la esvástica. Árbitros permisivos dejaron que Italia ganara el campeonato. Los jugadores terminaron siendo "Comendadores al Mérito Deportivo", y Mussolini acariciándoles la cabeza.
Para el Mundial de Francia de 1938, los italianos viajaron en medio de grandes presiones políticas. Saludaron con la mano extendida recibiendo un abucheo ensordecedor. Italia llegó a la final contra Hungría. Los jugadores recibieron un telegrama firmado por Mussolini: "vencer o morir". Italia ganó 4 a 2. El diario La Gazzetta dello Sport exaltó "la apoteosis del deporte fascista en esta victoria de la raza".
En el mundo contemporáneo son muchos los políticos que usan el campeonato para su provecho particular. Sugestivamente, Kofi A. Annan, Secretario General de la ONU, escribió una columna, «La Copa del Mundo: ¡qué envidia!», donde señala que, además de congregar a 207 países mientras que «nosotros tenemos solo 191... a todo el mundo le gusta hablar sobre la Copa del Mundo... Ojalá pudiéramos mantener más conversaciones...».
En el mundial muchos se benefician: la FIFA, los patrocinadores, la televisión, la prensa, los vendedores de camisetas, etc. Hoy, con 32 selecciones, se estima que será seguido por una audiencia de aproximadamente 33 mil millones de telespectadores. La FIFA obtendrá ingresos por US$ 2 mil 400 millones y egresos por US$ 989 millones. El equipo campeón se embolsará US$ 20 millones, el subcampeón US$ 19 millones, el tercero y el cuarto US$ 18 millones, del quinto al octavo US$ 10 millones, del noveno al decimosexto US$ 7 millones, del decimoséptimo al trigésimo segundo US$ 5 millones.
Pero, la clave está en que Alemania invirtió US$ 6 mil 500 millones en la construcción y arreglo de carreteras, aeropuertos y fabricación de trenes. Casi toda fue una inversión digitada por los políticos.
El principio del problema es la ausencia de derechos de propiedad claros a raíz de legislaciones deportivas y civiles impuestas por el Estado, que han hecho de los clubes sociedades de personas y no de propietarios. Los socios pueden usufructuarlos, pero no son realmente dueños. No hay política en los hipódromos ni en el golf. No es un problema de deportes masivos. No hay política en el béisbol, porque los derechos de propiedad son claros y cada equipo, cada estadio, tiene un dueño.
Algunos clubes de fútbol han comenzado a convertirse en sociedades de capital, dejando de ser sociedades de personas. Un caso notorio es el del fútbol español, que progresó notoriamente (incluso su selección nacional) gracias a que, en 1988, el Gobierno de España desreguló parcialmente la actividad, permitiendo a los clubes convertirse en sociedades anónimas. Muchos son ahora propiedades de inversores privados. El Real Madrid, por ejemplo, es el club de fútbol más rico del mundo. De una deuda de US$ 333 millones, pasó a tener a principios de 2003, US$ 172 millones en caja.
Firmas Press. El autor es miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California
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