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Reportaje especial
Panamá, martes 20 de junio de 2006
 

HU SE VE COMO PERDEDOR.

Sistema de justicia en China

Nicholas D. Kristof

Beijing. -Con el presidente Bush contra las cuerdas, es posible que la persona más importante del mundo en este momento sea el presidente Hu Jintao, ya que preside a 1.3 mil millones de personas y el ascenso de China.

Sin embargo, mientras que China es uno de los grandes éxitos de la escena mundial, Hu se ve cada vez más como un perdedor.

Ha decepcionado a muchos intelectuales y dirigentes del Partido Comunista chino con su enfoque breshneviano de la reforma política. El ex presidente Jiang Zemin y el ex primer ministro Zhu Rongji están entre los funcionarios del partido que según dicen personas de dentro están descontentos con el reinado de Hu.

Hu tiene una mente brillante y es pragmático en cuestiones económicas y diplomáticas, y las maneja bien. Sin embargo, en política se parece a los ideólogos del pasado (como su propio patrono, Song Ping), y ha intentado jalar a China hacia atrás tomando medidas drásticas contra los medios informativos, las leyes, la religión e internet.

Ahora, China encarcela unos 32 periodistas, más que ningún otro país del mundo. Las medidas enérgicas contra la religión han conducido a que los cristianos clandestinos sean detenidos y en ocasiones torturados, en particular en las áreas rurales. Y China ha tratado con mayor ahínco que casi ningún otro país de neutralizar internet filtrando palabras obscenas como "derechos humanos".

Y sí, es personal. Pasé el viernes afuera del tribunal intermedio del pueblo número dos en Beijing, ya que Zhao Yan, un colega del New York Times, soportaba un juicio secreto y absurdo ordenado por Hu. Zhao, un investigador en la oficina de The Times en Beijing, ya ha estado preso, prácticamente incomunicado, durante los últimos 22 meses, y es posible que ahora enfrente una década o más en prisión.

Me permitieron entrar al tribunal por error, dos colegas y yo pasamos la reja en el coche, y nadie nos detuvo cuando entramos caminando, y es un edificio fabuloso con más salas magníficas de las que haya visto en Estados Unidos. Sin embargo, el tribunal estaba casi vacío, y al final nos enteramos de la razón: al pueblo no se le permite entrar al Tribunal del Pueblo. Un grupo de policías indignados y vestidos de civil entró en tropel y nos condujo afuera.

El tribunal es un símbolo perfecto de la visión que Hu tiene de la China en la actualidad: un edificio deslumbrante con instalaciones lujosas, pero vacío en todos los sentidos. Todo es infraestructura, pero sin software. Es como si Hu pensara que construir un sistema judicial moderno se tratara de techos altos y asientos acojinados en lugar de leyes y justicia.

El juicio se llevó a cabo en secreto, y ni siquiera pudimos tener un vistazo de Zhao. El juicio concluyó en un día sin siquiera un solo testigo que rindiera testimonio por ninguna de las partes. El veredicto se entregará pronto, y es casi una conclusión ya decidida que Zhao será enviado a la cárcel para cumplir una sentencia larga.

Este caso surgió originalmente después de que Hu se enojó por una primicia de Joseph Kahn, jefe de la oficina de The Times en Beijing, y ordenó se castigara a quien hubiese hecho la filtración. Las autoridades de seguridad del Estado no pudieron encontrar la fuente verdadera, así es que detuvieron a Zhao en su lugar porque no les gustaban sus artículos sobre el descontento rural.

Aún sigo creyendo en China, en parte porque Hu y sus asesores han administrado muy bien la economía. Hu también ha hecho bien en cancelar el impuesto agrícola y en tomar otras medidas para tratar de resolver las brechas en el ingreso que son desestabilizadoras en China (ahí, uno por ciento de la población controla ahora 60 por ciento de la riqueza, mientras que en Estados Unidos, cinco por ciento controla 60 por ciento).

Sin embargo, en última instancia, las acciones de Hu para generar estabilidad al tomar medidas drásticas sólo ponen en mayor riesgo la estabilidad. La mayoría de los chinos no quiere agitación, pero está harta de la corrupción y las mentiras, de que le bloqueen el acceso a Google y Wikipedia, de tener que perder el tiempo estudiando tonterías políticas como la campaña de Hu: Ocho honorables y ocho vergüenzas. Los ingeniosos la llaman Hu Shuo ba dao, un hábil juego de palabras que se traduce como una sandez absoluta.

En efecto, las medidas drásticas de Hu han sido particularmente ineficaces ya que han molestado a las personas en lugar de asustarlas.

A muchos funcionarios del Partido Comunista les preocupa que las medidas enérgicas sólo enojen y alejen a las personas; razón por la cual algunos han hablado de permitir que la gente saque vapor por medio de mayor libertad de prensa y más elecciones.

En una provincia, una encuesta de opinión arrojó que 85 por ciento de los propios funcionarios quería acelerar la reforma política.

Sin embargo, Hu parece paralizado, el líder chino más débil desde Hua Guofeng en los años de 1970. ¿El resultado? Prepárese para una turbulencia futura en China.

The New York Times

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