Hay indicadores económicos que causan más preocupación que alegría. Uno de los más alarmantes tiene que ver con el aumento de los ingresos de los casinos que es directamente proporcional al incremento de los jugadores y de los ludópatas.
La economía de apuestas no es sana, implica ver a miles de panameños de recursos medios hipotecando sus vidas y las de sus familias frente a una máquina o en una mesa de juego. No hay matices en este asunto: las apuestas no atraen turistas, no son un escenario de sano esparcimiento y no son un juego de futuro.
No se trata de cerrar estos negocios ni de perseguir a los jugadores -víctimas y victimarios simultáneamente- sino de controlar de manera estricta el acceso a los casinos, de emprender campañas de concienciación para evitar que los jóvenes caigan en la trampa de la plata rápida fruto del azar, y de ayudar a aquellas personas que ya han caído en el enfermizo vicio de la ludopatía. |