| LITERATURA.
Leer en Jorge Luis Borges
Emilio García Méndez
Se cumplen en estos días, 20 años de la muerte de Jorge Luis Borges, el más localmente universal de los escritores del siglo XX.
Anticipándose muchos años a la aridez globalizadora, Borges entendió desde siempre lo universal, simplemente como lo local sin las paredes.
Un interés y una valorización creciente de su obra, contradicen cada año su irónico deseo de ser olvidado. Deseo, tal vez, motivado también por la conciencia de que "la memoria es una de las tantas formas del olvido". Infinitas hipótesis podrían tejerse para explicar la persistencia de Borges en las nuevas generaciones. De todas ellas, elijo dos que son una.
En un mundo brutalmente despojado de enigmas y misterios, Borges y su literatura permanecen como un enigma a ser develado o, mejor aún, una clave a ser descifrada. ¿Qué otra cosa se propone y nos propone su pasión por los laberintos, por las ruinas circulares o, lo que es lo mismo, por las bibliotecas? Por eso justamente me parece ver en Borges a mucho de aquel niño del que mi maestro Alessandro Baratta, afirmaba que cuanto más pequeño tenía más memoria y más historia. Más memoria y más historia sobre todo en relación a nosotros los adultos, quienes en la medida en que crecemos asistimos a una colonización cínica de nuestro mundo de vida, que nos impide vivir lo contigente como real y lo real como contingente. En otras palabras, que nos impide vivir el mito y la utopía. Que nos impide aprender de los niños.
Nada más impertinente entonces que intentar separar a Borges de su literatura. Ambos son claves, más que recíprocas, indisolubles. De Borges se puede hablar de mil maneras, lo que no se puede hacer es no citarlo.
Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas.Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico... Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Ninguna clave es obvia o fácil en Borges, sin embargo, algo extraño e incomprensible nos asegura que las mismas están ahí. ¿Será que si supiéramos en qué idioma leer sus enigmas todo sería más sencillo?
Recuerdo una maravillosa entrevista a Guillermo Cabrera Infante, algunos años antes de su muerte. Preguntado acerca de cuánta influencia de la literatura latinoamericana había en su obra, Cabrera Infante contestó con tanta seguridad y desparpajo : "a los escritores latinoamericanos no les debo nada, ni plata". ¿Cuales son entonces las mayores influencias sobre su obra?, volvió a preguntar el periodista. Otra vez sin titubear, Cabrera Infante respondió: Borges. No entiendo dijo el periodista, muy sencillo respondió el cubano: "Borges, escribe en Borges".
¿Quién sabe si muchos de sus enigmas no son, como los de la vida, sólo para intentar y no para resolver?
El autor es abogado y catedrático de la Universidad de Buenos Aires
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