| TORPE JUGADA DE CHÁVEZ.
El tiro por la culata
692926Eduardo Ulibarri
Hace dos meses, inflamado de imprudencia y cargado de retórica, Hugo Chávez retiró a Venezuela de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), proclamó el fin de la organización y corrió a La Habana para, junto a Fidel Castro y Evo Morales, lanzar un mítico "Tratado Comercial de los Pueblos", como novísima plataforma de lucha antiimperialista.
Hace menos de una semana, quedó en evidencia el fracaso de su torpe jugada, que ha conducido a un resultado totalmente inesperado: un mayor aislamiento de Caracas en el hemisferio y un renovado ímpetu de la CAN.
Chávez optó por la salida como protesta y sanción por los tratados de libre comercio impulsados por Colombia y Perú --dos de sus miembros-- con Estados Unidos. Su acción, ciertamente, produjo una seria crisis en el grupo, que también integran Ecuador y Bolivia. Además, en esos días de mediados de abril Evo Morales se encargó de echar fuego a la hoguera, con amenazas sobre un posible retiro boliviano.
Pero el miércoles 14, en Quito, el "Consejo Presidencial Andino", nada menos que bajo la conducción del propio Morales, y con la presencia de Álvaro Uribe (Colombia), Alfredo Palacio (Ecuador) y Alejandro Toledo (Perú), se encargó de tapar la boca a Chávez y puso de manifiesto, como había dicho semanas atrás Toledo, que "la CAN está vivita y coleando".
En su declaración final, la cumbre, que es la máxima autoridad del organismo, reafirmó la "vocación integracionista" de sus cuatro países y la "firme decisión de avanzar en el fortalecimiento y consolidación de la Comunidad Andina, así como en la profundización de sus relaciones externas".
Además, dos de sus decisiones más concretas fueron impulsar el inicio de las negociaciones para un acuerdo de asociación (léase tratado de libre comercio) con la Unión Europea, y solicitar al presidente George Bush, en una carta conjunta, la extensión de las preferencias arancelarias concedidas a los países andinos "mientras los acuerdos comerciales con los Estados Unidos a los que aspiramos Bolivia, Colombia y Ecuador, desde nuestras respectivas visiones e intereses, se desarrollen, concreten e implementen". Es decir, algo muy distinto al esquema de confrontación que el presidente venezolano, con su abultada chequera de petrodólares, desea.
Perú, que pronto ratificará su TLC con Estados Unidos, no sufriría si no se renuevan los beneficios arancelarios. Para Bolivia, en cambio, su continuación es esencial, porque de ellos depende la mitad de sus exportaciones al mercado estadounidense.
Los cuatro presidentes, además, dejaron en claro otros dos puntos esenciales:
Por una parte, su decisión política de seguir adelante con la CAN, como un esquema inteligente, flexible y realista, bajo la convicción de que "en el mundo contemporáneo, caracterizado por la globalización, la interdependencia y las tecnologías de la información, la integración subregional es un mecanismo idóneo para la acción conjunta, en defensa de sus legítimos intereses y la mejor inserción en los mercados mundiales".
Por otro lado, demostraron que la presencia venezolana, aunque importante, no es indispensable para la supervivencia y desarrollo de la organización, y que su presidente se encuentra más aislado en el hemisferio de lo que sus viajes, declaraciones y poses aparentan.
Un factor adicional de gran importancia fue la muestra de independencia de criterio y pragmatismo que, en esta ocasión, dio Evo Morales. Durante los últimos meses, muchas de sus acciones y discursos han evidenciado una extrema docilidad hacia Chávez e, incluso Castro, y su retórica antiyanqui se ha vuelto aburridamente crónica. En la reunión de Quito, sin embargo, decidió mostrar una faceta de autonomía y consideración a los verdaderos intereses de su país, más allá de condicionamientos ideológicos.
Asumidos los compromisos de la declaración, con la responsabilidad de conducir a la CAN durante los próximos meses, y con los triunfos de Uribe en Colombia y García en Perú como trasfondo, quizá Morales decida mantener el rumbo más autónomo que mostró en el comunicado, lo cual sería muy beneficioso para Bolivia y el resto del hemisferio.
Pero, aunque no ocurriera así, el encuentro del miércoles relanza la Comunidad Andina con nuevo vigor, quita razón a los pronósticos de Chávez y pone de manifiesto que su dinero, sus arengas y sus golpes de efecto pueden tener consecuencias contrarias a sus propósitos.
El autor es periodista y fue director de La Nación, de Costa Rica
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