| INSEGURIDAD.
¿Debes cuidarte del que te cuida?
José Miguel Guerra
Cuando una persona es víctima de un hurto o robo por parte de un desconocido, los sentimientos de frustración y desamparo embargan a la víctima; no cabe duda de que el trauma emocional es algo que no puede medir. La impotencia del ciudadano ante la poca o casi nula acción de los organismos de seguridad, son para colmo de males una desilusión más para quien tuvo que vivir una amarga experiencia.
Los facinerosos han tomado las ciudades bajo su control. Hemos tenido que recurrir a alarmas, seguridad privada, etc.; ya estamos llegando a la triste realidad de otros países donde las personas decentes, para salir de sus casas, tienen que hacerlo con la compañía de guardaespaldas.
La situación no va para mejor; la comunidad ha sido sacudida con demasiada regularidad con noticias de miembros de la Fuerza Pública dedicados a toda clase de actos ilícitos, desde el hurto menor, pasando por el narcotráfico, secuestro, tumbe, asociación ilícita, etc. Como remedio de tontos nos quieren decir que la falla ha estado en el proceso de selección de los agentes del orden público.
No señores, cuando un muchacho se ve en la necesidad de ingresar a una institución de éstas, es porque no ha encontrado trabajo en otro lugar y esa es la verdad, van allí (a las escuelas de formación policial), porque si corren bien, disparan un arma y repiten algunas frases, ya serán parte de nuestro sistema de seguridad pública y, lo más importante, tendrán un salario. Pero con el correr de los años, ven que el trato no fue de lo más justo: mucho sacrificio, muy bajos salarios y algunos jefes abusivos.
Una cosa es que un facineroso cometa una fechoría, pero que los agentes del orden público que ya nos tenían acostumbrados a sus coimas y demás travesuras menores, ahora pasen a grandes golpes como el planear hurtos, secuestros, asaltos, tráfico de drogas, etc., es inaudito... ¿hasta dónde vamos a llegar?
Mientras tanto, los jueces ven cómo algunos presuntos culpables tienen que ser liberados por simples fallas de forma o de fondo; parece que nada está bien, la crisis del sistema está saliendo a flote y, lo peor es que parece que aún no hemos llegado a la cima de esta caótica situación.
Las víctimas no tenemos más camino que la frustración e impotencia ante la cruda realidad de que aquí en Panamá no pasa nada, los ladrones uniformados o civiles siguen en las mismas y el ciudadano común viviendo en su cárcel particular tratando de que no se metan los maleantes.
El autor es periodista
Además en opinión
• ‘¡Se la van a robar!’…¿qué hacer?: I. Roberto Eisenmann, Jr. • Impotencia por la falta de justicia en Panamá: Arturo Rebollón Hernández • Propuesta de ley de medicina legal: Ana Matilde Gómez • Las conductas delictivas culposas: Agustín Sanjur Otero • ¿Debes cuidarte del que te cuida?: José Miguel Guerra
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