| INOCENTES TRAS BARROTES.
Impotencia por la falta de justicia en Panamá
Arturo Rebollón Hernández
Es preferible liberar a un culpable, que mantener en prisión a un inocente. Esta premisa se cumple sólo si se tiene dinero e influencias. El hijo del pueblo, huérfano de apoyo, está expuesto a ser sometido por el sistema a estas injusticias, por causa de funcionarios indolentes, poco interesados en el trabajo, a quienes las penurias de un inocente no les quitan el sueño.
Escribo este artículo para solidarizarme con la tragedia que vive un buen empleado que ejerció su labor durante varios años y que sólo circunstancias lo ponen en el lugar equivocado, a la hora equivocada. Ha sido implicado en un delito y por espacio de seis meses ha estado tratando de comprobar que es inocente. Su madre ha consumido sus exiguos ahorros y se siente esquilmada por un abogado que no le ha dado resultados positivos, pues el caso está tal cual como cuando empezó.
El joven sigue preso, pese a que hay una comunidad de vecinos que atestiguan que no participó en el ilícito, pues estaba trabajando en un negocito que tiene la familia, justamente cuando se dieron los hechos.
La indefensa señora (y como ella quién sabe cuántas habrá) ha estado mediante grandes esfuerzos tratando, infructuosamente, de acercarse a políticos en busca de apoyo para que impulsen la oportuna justicia, pero, al parecer, no están dispuestos a dedicar tiempo a atender la desdicha de un humilde elector en época postelectoral.
No es posible que un inocente esté penando en prisión porque unos burócratas se niegan a verificar y comprobar las supuestas pruebas que lo inculpan.
Nosotros no conocemos de trámites legales, pero las actitudes de funcionarios, investigadores de la PTJ y el fiscal del caso que se muestran negligentes y reticentes de hacer una revisión, nos hace suponer que puede haber una gran cantidad de ciudadanos viviendo casos similares, lo que constituye una tamaña injusticia y una flagrante violación de los derechos humanos por parte del Poder Judicial.
No se justifica que un inocente tenga que esperar en prisión por un juicio en una fecha indeterminada, sin que se pueda hacer nada, salvo esperar el juicio y rogar a Dios continuar con vida.
Las preguntas que siempre me hago cuando pienso en esas víctimas son: cuando esas personas logran demostrar su inocencia ¿quién las compensará por el malentendido? ¿Quién rehabilitará su maltrecha honra? ¿Quién les compensará el hecho de haber estado expuestos a la gran cantidad de riesgos que implica estar preso con delincuentes de toda índole?
Justicia tardía, no es justicia, por eso es imperativo la creación de una instancia expedita, previa a un juicio, en que las partes presenten las pruebas y alegatos en las que se demuestre que sí existe mérito para un juicio formal al sindicado, sólo entonces estaría justificada la prolongación de la prisión, y este beneficio debe ser accesible a todo ciudadano independientemente de su condición social y económica.
Este es uno de los motivos por los que nuestras cárceles están atiborradas de personas, muchas de ellas inocentes, a la espera de un juicio que nunca llega, y en no pocos casos las penas a las que ha lugar son menores que el tiempo de espera en prisión, por un juicio.
Se trata de una situación lamentable que tiene que ser corregida con carácter de urgencia.
El autor es ingeniero civil
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