| TRASTORNOS MENTALES. DEPRESIÓN Y BIPOLARIDAD.
No los confunda
Se caracteriza por cambios de humor que van desde la euforia a la depresión, con crisis de desánimo. Quienes sufren esto presentan períodos de pérdida de interés y falta de concentración.
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| CONOCER. En este tipo de pacientes la psicoeducación ayuda a prevenir las recaídas.688809 |
María Jesús Ribas
EFE-Reportajes
Ante un cuadro depresivo siempre hay que pensar en la posibilidad de un trastorno bipolar, porque cuanto más se tarde en detectar este desorden caracterizado por la alternancia de episodios de una profunda tristeza con otros de una euforia sin límites, peor será su pronóstico y opciones de tratarlo con éxito.
Pedro llegó a la consulta del psiquiatra, porque se sentía tan mal que era incapaz de levantarse de la cama: no tenía ganas ni fuerza para hacer nada, su mente estaba poblada de pensamientos negativos y tristes. Cuando el paciente explicó estos síntomas el médico le diagnosticó una depresión orgánica, y le prescribió ansiolíticos y antidepresivos.
Pero centrados exclusivamente en el cuadro depresivo, el paciente no le contó al médico de otros hechos anómalos como vivir varios días de una euforia incontenible, dominados por una enorme actividad y energía, en los cuales se sentía capaz de todo.
Si se hubiera conocido ese episodio de hipomanía previo al depresivo, su diagnóstico hubiera sido diferente: un trastorno bipolar.
"Los psiquiatras deben acostumbrarse a pensar que siempre que se encuentren ante un paciente deprimido, después de descartar la organicidad de la depresión, la segunda opción diagnóstica imprescindible es el trastorno bipolar", señala el doctor Francesc Colom, del Hospital Clínico de Barcelona.
Según Colom, en este tipo de pacientes la psicoeducación ayuda a prevenir las recaídas, a que presenten menos episodios de manía, depresión o fases mixtas, y a que requieran menos tiempo de hospitalización.
Los dos tipos más importantes de medicamentos usados para controlar los síntomas del disturbio bipolar son los estabilizadores de ánimo, como el litio, y los antidepresivos.
Este padecimiento se caracteriza por cambios de humor que van desde la animación extrema (euforia) al decaimiento (depresión), provocando en los pacientes ataques de júbilo y euforia y, en el extremo contrario, crisis de desánimo y desesperación y pérdida de interés en sus actividades.
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