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Reportaje especial
Panamá, lunes 12 de junio de 2006
 

OTORGAMIENTO DE IDONEIDADES.

Conflicto entre educación y salud

Samuel Sánchez Fuentes

Recientemente leí en un diario de la localidad los reclamos que hacía una buena cantidad de personas que había cursado estudios en una universidad privada para desempeñarse como asistentes de farmacia. Los mismos demandaban el reconocimiento del título, ya que, según indicaban, la carrera que cursaron no había sido aprobada por la Universidad de Panamá, requisito de ley que le permite a ésta extender la autorización pertinente para desarrollar con toda propiedad y legalidad estudios superiores y otorgar el título correspondiente a sus egresados.

Pero esto es sólo parte del problema. ¿Por qué no se ha aprobado la carrera de Asistente de Farmacia? Para entender la situación habría que ir a la raíz del asunto: la Facultad de Farmacia, el Colegio de Farmaceutas y la Asociación de Farmaceutas. Ahí encontraremos las respuestas.

La causa de dilatar la aprobación pertinente es la negativa a formar un nuevo profesional que entre a competir en el mercado laboral, ya que con ello se afectarían los intereses de los licenciados en Farmacia.

La situación planteada no sólo se da en el ámbito de los farmaceutas, sino en todas las profesiones en donde hay normas proteccionistas exclusivas para los nacionales, situación que ha prevalecido y que ha atendido a las políticas de sustitución de importaciones que se desarrollaron en la década del 70, con el eslogan de "Panameño, consume lo nuestro". Desde ese entonces se adoptaron medidas arancelarias para impedir que excelentes productos entraran al territorio panameño, lo que trajo como consecuencia que consumiéramos productos de muy baja calidad.

Dichas políticas prevalecen en el campo de las profesiones, aún cuando el mundo ha cambiado y la globalización penetra en todas las actividades. Recientemente, profesionales biólogos llegaron tarde, al pretender guarecerse bajo el paraguas proteccionista, al ser vetado por el Presidente un proyecto de ley que indicaba que dicha profesión sólo podría ser ejercida por panameños.

Reconocemos el celo que se debe tener en la preparación del personal de salud. No obstante, resulta que es en dicho sector donde ese celo se ha transformado en una grave enfermedad. Es en dicho Ministerio y en su Consejo Técnico de Salud -nicho que aglutina la representación gremial de todas las profesiones relacionadas con la salud- en donde se presenta la más genuina expresión de garantía para resguardar el servicio y certificar la excelencia de los profesionales.

Situaciones similares a lo que acontece con los asistentes de farmacia, se registran en mayor proporción en el mencionado Consejo, ya que el mismo tiene como una de sus atribuciones el otorgamiento de las idoneidades, a los profesionales que quieran laborar en el sector salud.

Esta importante estructura de salud se ha venido arrogando competencias correspondientes exclusivamente al Ministerio de Educación, ya que es el Consejo el que solapada y subrepticiamente aprueba o desaprueba las nuevas carreras en salud presentadas por el ministerio en cuestión y, al no dar una opinión positiva a estas, aquél no las autoriza. Consecuentemente, si se pasa por alto esa evaluación de carácter exclusivamente gremial y no técnica, posteriormente no se les otorgarán las correspondientes idoneidades a los egresados de las nuevas carreras. Considero que con ello lo único que se logra es poner artificiosos obstáculos que impiden que el país se desarrolle.

Lamentablemente, los egoístas argumentos que subyacen, persisten y prevalecen son otros: son juez y parte; lo que importa son sus intereses, la estabilidad laboral, gremialista y salarial; hay que impedir a toda costa que vengan otros que afecten nuestro mercado de trabajo y que saquen a la luz nuestra mediocridad y bajos rendimientos.

El autor es planificador

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